Hasta ahora, estrenar un Apple Watch exigía un iPhone. Sin él, el reloj no pasaba de la pantalla de bienvenida. Un desarrollador e investigador de ciberseguridad conocido como Šojal trabaja en un proyecto abierto que rompe esa dependencia. Se llama Apple Watch Companion. Permite emparejar el reloj con un móvil Android e incluso con un ordenador con Windows o Linux. Para lograrlo, Šojal estudió con ayuda de inteligencia artificial cómo se comunican el iPhone y el reloj, y adaptó ese proceso a otro sistema. El resultado es muy temprano. Hace falta acceso root en el teléfono, faltan funciones de salud básicas y solo se ha probado con un modelo concreto. Aun así, demuestra algo importante. La barrera entre ambos mundos era más técnica que insalvable. En este artículo repasamos qué hace el proyecto, qué le falta y por qué interesa a quien le preocupe la libertad de elegir hardware.
Un reloj atado a un solo teléfono
El Apple Watch es uno de los relojes inteligentes más vendidos del mundo. También es uno de los más cerrados. Apple lo diseña para funcionar solo con su propio móvil. Sin iPhone no hay configuración inicial, ni sincronización de datos, ni acceso a su nube. Para un usuario de Android que quiera ese reloj, la respuesta oficial siempre ha sido la misma: cambiar de teléfono.
Esta decisión tiene sentido comercial. El reloj refuerza el ecosistema y el ecosistema vende más relojes. Pero también limita al usuario. Quien tiene un Android y prefiere el reloj de Apple no encuentra alternativa legítima. Y quien ya posee un Apple Watch y pasa a Android, tampoco.
Aquí entra el trabajo de Šojal que analizó el diálogo entre iPhone y reloj mediante ingeniería inversa. Después lo reprodujo desde Android.
Apple Watch Companion, el proyecto en detalle
Apple Watch Companion es una aplicación de código abierto. Su objetivo es sencillo de enunciar y difícil de cumplir. Quiere sustituir al iPhone en el proceso de configuración y en el trato diario con el reloj.
La primera versión ya consigue conectar ambos dispositivos. También permite ajustar algunas opciones y manejar ciertas funciones del reloj. Un ejemplo es cambiar entre esferas que ya estaban instaladas. No es mucho, pero es lo bastante para probar que el planteamiento funciona. Un reloj que Apple considera inseparable de su móvil acepta órdenes de otro sistema.
El proyecto no se limita a Android. Con la misma herramienta se puede emparejar el reloj con un equipo Windows o Linux, aunque con numerosas restricciones. A largo plazo, esa vía podría llevar a configurar un Apple Watch sin ningún teléfono de por medio. De momento es solo una posibilidad.
Para los que seguimos el mundo del software libre y la domótica, el enfoque resulta familiar. Se toma un protocolo cerrado, se documenta y se ofrece una implementación abierta. Es el mismo camino que han seguido muchos proyectos de interoperabilidad con dispositivos domésticos.
Qué funciona y qué no, con datos
Conviene frenar el entusiasmo. Según el artículo, el desarrollador solo ha probado su software con un OnePlus 13 y un Apple Watch Ultra 2 con watchOS 26.2. Es un único teléfono y un único modelo de reloj. Se desconoce si otros terminales o relojes serán compatibles.
Los requisitos técnicos también frenan a mucha gente. El teléfono necesita acceso root, y hay que instalar software abierto adicional. Quien no haya liberado nunca un móvil Android tendrá dificultades. Hoy por hoy no es una solución para el público general.
Las carencias funcionales son llamativas. Tres de las funciones más valoradas de un reloj inteligente todavía no operan: la monitorización de la frecuencia cardiaca, el electrocardiograma y el seguimiento del sueño. Sin ellas, el Apple Watch queda reducido a un reloj con notificaciones y poco más. La página del proyecto indica que el desarrollador trabaja para añadir más funciones, pero no hay fechas.
Un dato de contexto ayuda a entender la dificultad. El Apple Watch Ultra 2 tiene una caja de 49 mm y reúne sensores de ritmo cardiaco, oxígeno en sangre, temperatura cutánea, ECG y localización. Cada uno de esos datos viaja por canales propios entre reloj y teléfono. Reproducirlos uno a uno exige entender el protocolo completo.
La base académica: WatchWitch
Este trabajo no surge de la nada. Hay antecedentes serios. Nils Rollshausen, de la Universidad Técnica de Darmstadt, ya había estudiado el emparejamiento del reloj y recreado su funcionamiento en software. Su trabajo se llama WatchWitch y se publicó en la revista Proceedings on Privacy Enhancing Technologies.
Los autores afirman ser los primeros en ingeniería inversa pública de los protocolos inalámbricos del reloj. En el proceso encontraron varios problemas de seguridad en la implementación propietaria de Apple. Su reimplementación para Android, también llamada WatchWitch, demuestra que la interoperabilidad es viable y que además puede mejorar el control de la privacidad. El argumento de fondo es llamativo. Un reloj que recoge datos íntimos de salud solo puede usarse con el software y la nube de un único fabricante.
Los detalles técnicos se presentaron antes en una charla de 60 minutos el 30 de junio de 2024 en la conferencia Recon. Allí se describen varios elementos del sistema. Uno es el bus de mensajes Alloy. Otro es un proxy llamado SHOES. Un tercero es el protocolo Network Relay Link, que se encarga de compartir la conexión a internet. La comunicación básica se apoya en Bluetooth de baja energía, que trabaja en la banda de 2,4 GHz. Los investigadores también dedican atención a IPSec, que cumple un papel importante en el tráfico del reloj.
Todo esto explica por qué el proyecto de Šojal avanza con rapidez. Parte de un terreno que ya estaba explorado.
Por qué importa más allá de la curiosidad técnica
Hay tres lecturas posibles. La primera es práctica. Si el proyecto madura, los usuarios de Android podrán usar un reloj que hoy les está vedado. La segunda es de privacidad. Una implementación abierta permite saber qué datos salen del reloj y adónde van. La tercera es de mercado. Cuanto más claro quede que el bloqueo es una decisión de diseño y no una necesidad técnica, más presión habrá para abrir los sistemas.
No conviene exagerar. Apple puede cambiar sus protocolos en cualquier actualización y romper lo que hoy funciona. Un proyecto mantenido por una sola persona, con pruebas en un solo equipo, es frágil. Y el requisito de acceso root deja fuera a casi todos los usuarios. Cualquier plan de compra basado en esta herramienta sería, a día de hoy, una mala idea.
Reflexiones adicionales
Lo más interesante del caso no es la herramienta en sí, sino lo que revela. Durante años se ha dado por hecho que el Apple Watch no podía funcionar con Android. La investigación académica y este proyecto práctico indican que el obstáculo era sobre todo de voluntad. Es una lección útil para quien analiza hardware conectado. Muchas barreras entre ecosistemas son decisiones comerciales presentadas como límites técnicos.
También deja una pregunta abierta sobre la propiedad de los datos de salud. Si un reloj registra el pulso, el sueño y el electrocardiograma, el usuario debería poder decidir con qué software los gestiona. Hoy no puede, salvo que se meta en terrenos experimentales.
Habrá que seguir la evolución del proyecto. Si añade pronto las funciones de salud, pasará de curiosidad a alternativa real. Si se estanca, quedará como una prueba de concepto muy valiosa. En ambos casos, la discusión sobre interoperabilidad en dispositivos llevables ya ha empezado.
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