Debo reconocer que soy (era) de los que (antes) utilizaba el viejo truco de poner una cucharilla boca abajo dentro de la botella de cava, una vez descorchada, para evitar que pierda el gas.

Una vez abierta la botella, al no estar el vino bajo presión, el gas se va perdiendo, y la única manera de intentar minimizar la pérdida es volviendo a sellarla… por lo que incluso un tapón de corcho, sin duda, es mejor opción que el de la cucharilla.

En el caso del vino aunque no es tan crítico por no tener anhídrido carbónico presurizado, en cualquier caso, es conveniente mantenerlo cerrado para evitar la pérdida de sus aromas. Lo que no sabía, hasta que lo he visto aquí que, aparte de los típicos corchos (más o menos sencillos) existe un ingenioso invento como este Aircork.

Su funcionamiento es de lo más sencillo ya que basta con introducir en su interior una “válvula / globo” y mediante una perilla externa presurizarla para que aumente de volumen y con ello obture la salída del vino. Cuando quieras seguir bebiendo es suficiente con “despresurizar” el sistema para que pueda fluir libremente y disfrutar del mismo smile

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