Hace unos años cuando lanzamos nuestra propuesta de un proyecto europeo H2020 estuvimos en contacto con la Universidad do Minho en un work package para mejorar la interfaz de los operadores de Plantas industriales. Una de sus “innovadoras” propuestas fue hacer un seguimiento de lo que miraban los ojos de los mismos para optimizar los gráficos de operación.

Ahora hemos visto que tampoco se trataba de una idea novedosa después de leer un poco sobre los experimentos que Fumihiro Kano lleva realizando sobre monos y orangutanes desde hace una docena de años utilizando un rastreador ocular de infrarrojos para monitorear sus movimientos oculares.

El mismo investigador y una bióloga inglesa han ampliado el estudio a palomas aunque ellas no mueven los ojos sino toda la cabeza por lo que han tenido que “inventar” un casco minúsculo / máscara y que no las moleste (demasiado) para seguir sus movimientos.

El equipo que finalmente lleva cada paloma consta de un rastreador de GPS, un microordenador y una batería en una mochila de la talla de la paloma, a lo que se une un giroscopio y un acelerómetro.

Al descargar los datos, los investigadores pudieron ver cada detalle de las maniobras de la cabeza y la trayectoria de vuelo. Lo primero de lo que se dieron cuenta fue la gran estabilidad de la cabeza de las palomas, que apenas se tambalea. También resultó claro que las palomas estaban mirando activamente de lado a lado, escaneando el paisaje, durante sus vuelos en solitario.

Además, las aves redujeron los movimientos de su cabeza al acercarse a los puntos de referencia, incluida una carretera principal y una línea ferroviaria, lo que indica que, de hecho, las miraban para orientarse.

El equipo pretende ahora incorporar una pequeña cámara en el sensor para obtener una verdadera vista de pájaro del mundo, y poder echar un vistazo a las mentes de otras aves.

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