Es bien conocido que el grafeno está formado por una sola capa de átomos de carbono dispuestos en una red hexagonal. Este material, que tanto apasiona a nuestro amigo Òscar, es muy flexible y tiene excelentes propiedades electrónicas, lo que lo hace atractivo para numerosas aplicaciones, sobre todo para componentes electrónicos.

Sin embargo lo mejor de todo son las sopresas que nos repara según vamos sometiéndole a todo tipo de “torturas”. Por ejemplo, un grupo de investigadores suizos está estudiando cómo pueden manipularse las propiedades electrónicas del material con tan solo su estiramiento mecánico.

Para ello, han desarrollado una especie de bastidor con el que estiran de forma controlada la capa de grafeno atómicamente delgada, al tiempo que miden sus propiedades electrónicas.

Los científicos prepararon primero un “sándwich” compuesto por una capa de grafeno entre dos capas de nitruro de boro. Esta pila de capas, provista de contactos eléctricos, se colocó sobre un sustrato flexible.

A continuación, los investigadores aplicaron una fuerza al centro del sándwich desde abajo utilizando una cuña consiguiendo con ello doblar la pila de forma controlada y alargar toda la capa de grafeno.

De esta forma mediante el estiramiento del grafeno consiguieron cambiar específicamente la distancia entre los átomos de carbono y, por tanto, su energía de enlace. El desarrollo de esta tecnología tan simple podría conducir, por ejemplo, al desarrollo de nuevos sensores o nuevos tipos de transistores.

Por otra parte, el grafeno sirve de sistema modelo para otros materiales bidimensionales que se han convertido en un importante tema de investigación en todo el mundo en los últimos años.

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