El pasado mes os presdentamos un robot blando chino en forma de pez capaz de moverse incluso a las altísimas presiones de la Fosa de las Marianas gracias a dos “músculos” de electrodos, a su vez conectados a una batería.

Ahora es un grupo de investigadores norteamericanos de la Universidad de Duke los que presentan su DraBot, otro robot blando pero esta vez con forma de libélula. Para su movimiento por entornos ecuáticos sin utilizar componente electrónico alguno: Unos microcanales llevan el aire a las alas delanteras, donde escapa a través de una serie de agujeros que apuntan directamente a las alas traseras.

Si las dos alas traseras están bajadas, el flujo de aire se bloquea y DraBot no va a ninguna parte. Pero si ambas alas están levantadas, DraBot avanza.

Para añadir un elemento de control, el equipo también diseñó unos actuadores de globo bajo cada una de las alas traseras, cerca del tronco de DraBot.Cuando se inflan, los globos hacen que las alas se curven hacia arriba. Al cambiar qué alas están arriba o abajo, los investigadores le ordenan a DraBot hacia dónde ir.

Pintando un par de alas con el hidrogel citado, los investigadores consiguieron que DraBot reaccionase a los cambios en el pH del agua circundante.Si el agua se vuelve ácida, el ala delantera de un lado se fusiona con la trasera.

En vez de desplazarse en línea recta, como haría en condiciones normales, el desequilibrio hace que el robot navegue en círculo.

Una vez que el pH vuelve a un nivel normal, el hidrogel regresa a su estado anterior, las alas fusionadas se separan y DraBot vuelve a responder plenamente a las órdenes. Cuando DraBot pasa por encima de agua con petróleo flotando en la superficie, unas esponjas especiales con las que va equipado lo absorben y cambian de color, delatando la presencia de petróleo.

Y cuando el agua se calienta demasiado, las alas de DraBot cambian de color: pasan del rojo al amarillo.

Estas capacidades de detección tienen muchas e importantes aplicaciones prácticas.

La sensibilidad al pH puede detectar la acidificación del agua dulce, que es un preocupante problema medioambiental en diversos lugares del mundo.

El cambio de colores debido a las temperaturas podría ayudar a detectar zonas propensas al blanqueamiento de corales, un fenómeno perjudicial para estos y para las comunidades de formas de vida que viven en los arrecifes de coral.

Aunque este robot es por ahora solo un prototipo con el que validar el concepto de diseño, sus sucesores futuros podrían ser robots idóneos para patrullar por el agua a modo de centinelas medioambientales.

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