El proyecto Piscataway Bioenergy, ubicado en Maryland, representa una de las iniciativas más avanzadas de conversión de residuos humanos en energía limpia en Estados Unidos. Esta instalación convierte el metano generado por los biosólidos —los subproductos del tratamiento de aguas residuales— en gas natural renovable, que alimenta parte del transporte público del condado de Montgomery. La instalación, con una inversión de 271 millones de dólares, abrió en octubre de 2024 y procesa los biosólidos de las seis plantas de recuperación de recursos de WSSC Water. Además de generar energía, busca producir biosólidos de Clase A, aptos como fertilizantes para suelos urbanos y agrícolas, promoviendo así una economía circular de residuos.

El proceso utilizado es la digestión anaerobia, que descompone materia orgánica en ausencia de oxígeno para capturar el metano. Este gas es luego purificado hasta obtener gas natural renovable. A pesar de que solo el 4% de las plantas de tratamiento de EE. UU. actualizan el biogás a gas renovable, esta práctica proporciona incentivos económicos y ambientales significativos. Según datos de la American Biogas Council, la digestión anaerobia puede reducir hasta un 40 % las emisiones de gases de efecto invernadero en instalaciones similares, como la planta Blue Plains en Washington, y disminuir el uso de electricidad de la red en un 30 %.

Funcionamiento del proyecto Piscataway

El proyecto integra los biosólidos de todas las plantas de WSSC Water en un proceso unificado. Antes de su implementación, cada planta tenía métodos independientes de tratamiento. Los ingenieros visitaron Europa para estudiar sistemas de digestión anaerobia avanzados, aplicando conocimientos que permiten generar gas renovable, además de obtener subproductos que pueden comercializarse como fertilizante. La producción de metano se controla mediante la regulación de temperatura, acidez y toxicidad de los reactores, factores críticos para mantener la eficiencia del proceso.

El gas generado se inyecta en el sistema de Washington Gas, desde donde alimenta autobuses públicos y la propia planta de tratamiento, optimizando recursos y reduciendo costes operativos. Actualmente, aproximadamente 95 autobuses de Montgomery County funcionan con gas natural, pero el acuerdo con Piscataway permite adquirir gas renovable a un precio más económico, garantizando la viabilidad financiera del proyecto. Además, esta iniciativa contribuye a los objetivos del condado de transición hacia una flota de autobuses de cero emisiones para 2035.

Comparación entre Estados Unidos y Europa

Mientras que proyectos como Piscataway muestran avances notables en Estados Unidos en el uso de digestión anaerobia para generar gas natural renovable, la situación en Europa es muy diferente en cuanto a escala y madurez del sector. En Europa, la producción de biogás y biometano crece de forma sostenida, con más de 18 700 plantas de digestión anaerobia instaladas y más de 27 000 millones de m³ de biometano inyectados en redes nacionales de gas en 2024, impulsadas por regulaciones estrictas y objetivos claros de descarbonización. Además, la Unión Europea ha establecido metas ambiciosas para alcanzar 35 000 millones de m³ de biometano anual para 2030 como parte de su plan REPowerEU, obligando a una rápida expansión de instalaciones y inversión en infraestructura. En contraste, en Estados Unidos la actualización de biogás a gas natural renovable aún se mantiene en un porcentaje bajo de plantas de tratamiento y el número de instalaciones dedicadas a biometano es más limitado, aunque está creciendo con nuevos proyectos privados y asociaciones público‑privadas. Además, en países como España apenas hay una o dos instalaciones que inyectan biometano en la red de gas, frente al centenar de ejemplos conectados en países europeos como Alemania, Francia y los Países Bajos.

Impacto ambiental y social

Capturar metano evita su liberación al aire, donde tendría un efecto de calentamiento 80 veces superior al CO₂ durante los primeros veinte años, según estudios de la Environmental Defense Fund. La digestión anaerobia también reduce el transporte de biosólidos en camiones diesel: la planta Blue Plains pasó de 65–70 camiones diarios a 22–25, disminuyendo la congestión y la contaminación local. La producción de biosólidos de Clase A permite aplicarlos en jardines y tierras agrícolas, cerrando el ciclo de aprovechamiento de residuos y fomentando prácticas sostenibles.

A largo plazo, este tipo de instalaciones ayuda a cumplir los objetivos de emisiones netas cero previstos por Maryland para 2045. El proyecto Piscataway se integra en un plan más amplio de desvío de residuos de vertederos y sustitución de combustibles fósiles en transporte y calefacción, demostrando cómo la gestión avanzada de aguas residuales puede generar beneficios económicos, ambientales y sociales.

Desafíos y costos

A pesar de los beneficios, la implementación de digestores anaerobios requiere inversiones significativas y puede enfrentar problemas técnicos. La construcción de Piscataway costó 271 millones de dólares, y se estima un periodo de retorno de la inversión inferior a 20 años, gracias a la venta de biosólidos y la sustitución de gas natural por energía renovable. Factores como las bajas temperaturas invernales pueden afectar la eficiencia de los reactores, obligando a soluciones de calefacción y mantenimiento intensivo de equipos.

Además, solo un pequeño porcentaje de plantas de tratamiento estadounidenses realizan la actualización completa del biogás a gas natural renovable, debido a costes elevados y complejidad técnica. Sin embargo, expertos como Patrick Serfass, de la American Biogas Council, destacan que los beneficios comunitarios y ambientales compensan ampliamente la inversión inicial, incluyendo reducción de emisiones, ahorro energético y creación de subproductos útiles.

Reflexiones finales

El proyecto Piscataway demuestra que el tratamiento innovador de aguas residuales puede convertirse en una fuente de energía confiable y sostenible. Al combinar digestión anaerobia, generación de gas renovable y producción de biosólidos de Clase A, se ofrece un modelo que equilibra eficiencia, sostenibilidad y retorno económico. Iniciativas similares en otras regiones pueden beneficiarse de las lecciones aprendidas en Piscataway, donde la planificación técnica y la colaboración con el transporte público permiten maximizar el impacto ambiental positivo, según estudios de la University of Wisconsin-Madison sobre emisiones urbanas de metano.

179
Suscribirse
Notificación
0 Comments
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios
0
¡Aquí puedes dejar tus comentarios!x