Un equipo de investigadores ha logrado convertir conos en bastones dentro de la retina, abriendo una vía inesperada para tratar enfermedades degenerativas de la visión. El hallazgo, basado en la manipulación genética de células fotorreceptoras, sugiere que la retina posee una plasticidad mayor de lo que se creía. Más allá del impacto científico, el estudio plantea nuevas estrategias terapéuticas para patologías como la retinosis pigmentaria. En este artículo analizamos el alcance real del descubrimiento, los mecanismos moleculares implicados y qué significa para el futuro de la oftalmología clínica.

Plasticidad inesperada en la retina

Durante décadas, la biología ocular ha sostenido que los conos y los bastones, los dos principales tipos de fotorreceptores de la retina, son células altamente especializadas cuyo destino queda fijado en etapas tempranas del desarrollo embrionario. Los conos permiten la visión en color y el detalle fino bajo condiciones de luz intensa, mientras que los bastones están optimizados para detectar niveles muy bajos de iluminación, con una sensibilidad que puede superar en más de 100 veces la de los conos en condiciones escotópicas. Sin embargo, una investigación reciente difundida por Neuroscience News ha cuestionado esa aparente rigidez celular al demostrar que es posible reprogramar conos para que adopten características moleculares y funcionales propias de bastones.

En Neuroscience News describen cómo, en modelos animales, los investigadores manipularon factores de transcripción que regulan la identidad celular. En concreto, analizaron el papel de genes clave que determinan si una célula precursora se convertirá en cono o en bastón. Mediante técnicas de edición genética y supresión dirigida de determinados reguladores, observaron que conos ya diferenciados podían empezar a expresar proteínas típicas de bastones, como la rodopsina, que es el fotopigmento fundamental para la detección de luz tenue.

Este proceso no se limitó a un cambio superficial en la expresión génica; también se detectaron modificaciones en la morfología celular y en la conectividad sináptica con las neuronas bipolares de la retina. Desde el punto de vista técnico, el estudio midió cambios en la expresión génica mediante secuenciación de ARN de célula única, identificando un perfil transcriptómico que se desplazaba progresivamente hacia el patrón característico de los bastones. En algunos experimentos, la expresión de genes asociados a bastones aumentó más de un 70 %, mientras que marcadores típicos de conos se redujeron de forma significativa. Además, los registros electrofisiológicos mostraron que las células reprogramadas respondían a estímulos lumínicos de baja intensidad con curvas de sensibilidad comparables a las de bastones nativos.

Estos resultados encajan con líneas de investigación previas sobre desarrollo retinal y regulación genética. Por ejemplo, estudios publicados en Nature han detallado cómo pequeñas variaciones en factores de transcripción pueden alterar profundamente la identidad celular durante el desarrollo ocular. Asimismo, el National Eye Institute ofrece una panorámica amplia sobre enfermedades de la retina y enfoques terapéuticos actuales lo que ayuda a contextualizar la relevancia clínica de este tipo de avances.

Un enfoque prometedor para enfermedades degenerativas

La importancia del hallazgo es evidente si se considera que muchas enfermedades hereditarias de la retina afectan de forma selectiva a los bastones. En la retinosis pigmentaria, por ejemplo, la degeneración progresiva de bastones provoca inicialmente pérdida de visión nocturna y, con el tiempo, un estrechamiento del campo visual. Se estima que esta patología afecta aproximadamente a 1 de cada 4.000 personas en todo el mundo, y en numerosos casos conduce a una discapacidad visual severa antes de los 60 años.

La estrategia descrita en el estudio apunta a un producto terapéutico basado en terapia génica dirigida a la retina. Este tipo de intervención suele administrarse mediante inyección subretiniana o intravítrea, utilizando vectores virales adenoasociados que transportan el material genético necesario para modular la expresión de los factores de transcripción implicados. Los vectores AAV presentan una capacidad de carga cercana a 4,7 kilobases, lo que obliga a diseñar constructos genéticos compactos y altamente optimizados. La retina, por su parte, es un tejido relativamente accesible y compartimentalizado, lo que reduce la exposición sistémica y facilita el control local de la expresión génica.

En modelos animales del estudio, la reprogramación celular permitió mantener respuestas a la luz en fases en las que la degeneración de bastones ya era significativa. Desde un punto de vista cuantitativo, los animales tratados mostraron mejoras en pruebas de comportamiento visual bajo condiciones de baja iluminación, con incrementos medibles en la capacidad de detectar estímulos débiles frente a los controles no tratados. Los registros electroretinográficos indicaron que la amplitud de respuesta en condiciones escotópicas aumentaba de forma consistente tras la intervención.

Conviene recordar que la terapia génica ocular ya cuenta con antecedentes clínicos. La aprobación de tratamientos como Luxturna para distrofias asociadas al gen RPE65 ha demostrado que es posible introducir material genético funcional en células retinianas con un perfil de seguridad aceptable. En este sentido, la conversión de conos en bastones podría integrarse en marcos regulatorios similares, siempre que los ensayos preclínicos y clínicos confirmen su eficacia y ausencia de efectos adversos significativos.

No obstante, existen desafíos técnicos importantes. Los conos y los bastones presentan diferencias estructurales claras, incluyendo la organización de los segmentos externos donde se apilan los discos membranosos que contienen fotopigmentos. En un bastón típico, el número de discos puede alcanzar varios centenares, optimizando la probabilidad de capturar fotones en condiciones de muy baja iluminación. Replicar completamente esta arquitectura en una célula originalmente programada como cono exige no solo cambios en la expresión génica, sino también una reorganización profunda del citoesqueleto y del tráfico intracelular de proteínas.

La integración funcional de las células reprogramadas dentro del circuito retinal será un punto crítico. La retina no es una simple capa de células fotorreceptoras, sino una red compleja que incluye neuronas bipolares, amacrinas y ganglionares. Estudios sobre plasticidad neuronal muestran que los circuitos visuales pueden reorganizarse tras cambios en la entrada sensorial. Determinar si las nuevas células con identidad de bastón establecen conexiones sinápticas adecuadas y estables será determinante para valorar el impacto real de esta estrategia en humanos.

Desde una perspectiva más amplia, este avance obliga a replantear la idea de que la diferenciación celular en tejidos adultos es un proceso irreversible. Si los conos conservan la capacidad latente de adoptar rasgos de bastones bajo determinadas condiciones moleculares, es probable que existan mecanismos epigenéticos dinámicos implicados, como cambios en la metilación del ADN o en la acetilación de histonas. Analizar estos procesos requerirá técnicas avanzadas de perfilado epigenómico y estudios longitudinales que evalúen la estabilidad de la nueva identidad celular a lo largo del tiempo.

En definitiva, la conversión de conos en bastones no constituye una solución inmediata para la ceguera, pero sí aporta una nueva estrategia conceptual en el campo de la oftalmología. En lugar de centrarse exclusivamente en reemplazar células dañadas mediante trasplantes o dispositivos electrónicos, esta aproximación explora la posibilidad de redirigir el destino de células que aún sobreviven en la retina. Si futuras investigaciones confirman su aplicabilidad clínica, podría convertirse en una herramienta relevante dentro del arsenal terapéutico contra enfermedades degenerativas de la visión.

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