Durante el reciente Australian Open, el dispositivo de monitorización WHOOP, conocido por su enfoque en la recuperación y el rendimiento atlético, se ha visto envuelto en una controversia que ha generado debate sobre su uso en competiciones de élite. Jugadores como Carlitos Alcaraz y Aryna Sabalenka se enfrentaron a la instrucción de retirar los dispositivos de sus muñecas durante los partidos, pese a que la ITF ha aprobado su uso sin retroalimentación háptica. WHOOP respondió enviando prendas especiales que permiten ocultar los sensores, aunque su utilización todavía podría infringir las normas del torneo. Este artículo explora en profundidad la tecnología de WHOOP, las implicaciones reglamentarias y cómo la compañía intenta mantener su presencia en la élite del tenis.
WHOOP: un enfoque centrado en el rendimiento
El dispositivo WHOOP se distingue de otros wearables convencionales porque carece de pantalla y se centra exclusivamente en la monitorización fisiológica. Mide métricas clave como la frecuencia cardíaca, la variabilidad de la frecuencia cardíaca y el sueño, permitiendo calcular el nivel de “strain” o esfuerzo diario y estimar la recuperación. Técnicamente, el WHOOP 4.0 y su sucesor 5.0 utilizan sensores ópticos PPG de tercera generación, capaces de muestrear el pulso hasta 100 veces por segundo, y acelerómetros de alta sensibilidad que registran movimientos corporales con una resolución de 0,01 g. Estos datos permiten a los atletas obtener un índice de recuperación diaria cuantificado, donde un valor cercano a 100 indica una recuperación óptima y un valor inferior a 50 sugiere riesgo de fatiga acumulada.
La popularidad del dispositivo entre deportistas de élite se debe a que integra de forma continua estos parámetros en un algoritmo que ajusta recomendaciones de entrenamiento individualizadas, basadas en métricas históricas y la respuesta fisiológica del cuerpo. Estudios recientes indican que el análisis combinado de frecuencia cardíaca y variabilidad cardíaca puede predecir episodios de sobreentrenamiento con hasta un 85% de fiabilidad (Harvard Health, 2024).
La polémica del Australian Open
Durante el Australian Open 2026, los árbitros solicitaron a varios jugadores retirar los WHOOP de sus muñecas, incluyendo a los número uno del mundo, Alcaraz y Sabalenka. La controversia surge porque la ITF había aprobado el uso de modelos 3.0, 4.0, 5.0 y MG siempre que se desactivara la retroalimentación háptica, evitando vibraciones que pudieran distraer o influir en el juego.Sin embargo, los torneos Grand Slam pueden establecer reglas adicionales, lo que significa que la autorización general no garantiza el uso durante cada partido.
En respuesta, WHOOP envió su colección WHOOP Body, diseñada para portar el sensor en prendas como camisetas interiores o bandas bajo la ropa deportiva. Esto permitiría continuar recogiendo métricas corporales durante el partido. No obstante, aunque el sensor esté oculto, sigue existiendo el riesgo de sanción, ya que la normativa explícita prohíbe cualquier dispositivo que monitorice la fisiología del jugador in situ. Esta situación plantea un dilema técnico y ético: los atletas buscan datos precisos de rendimiento y recuperación, pero la integridad del reglamento de la competición entra en conflicto con la innovación tecnológica.
Aspectos técnicos del WHOOP Body
El WHOOP Body permite colocar el dispositivo en distintas zonas del torso, manteniendo la lectura continua de parámetros vitales. Técnicamente, la posición del sensor influye en la precisión de los datos; estudios internos de WHOOP muestran que la medición de la variabilidad cardíaca en el torso presenta un margen de error del 3% frente al registro de muñeca, mientras que la estimación del sueño y la actividad física apenas varía un 1-2%. Esto sugiere que, aunque no sea perfecto, el dispositivo sigue siendo útil para seguimiento de recuperación y planificación de entrenamiento en tiempo real.
Adicionalmente, la colección Body integra materiales de alta elasticidad y conductividad, asegurando un contacto óptimo entre sensor y piel, lo que mantiene la fidelidad de la señal óptica. Los sensores LED y fotodiodos del WHOOP 5.0 requieren un contacto constante con la piel para registrar correctamente la oxigenación y la frecuencia cardíaca, y cualquier desplazamiento puede introducir errores superiores al 10% en los cálculos de “strain”.
Implicaciones para el deporte profesional
La situación del Australian Open abre un debate más amplio sobre la incorporación de tecnología biométrica en el deporte de élite. Por un lado, los entrenadores y atletas pueden aprovechar estos datos para optimizar el rendimiento, prevenir lesiones y planificar la carga de entrenamiento. Por otro, las normas competitivas buscan garantizar igualdad de condiciones y evitar ventajas potencialmente injustas derivadas del acceso a información fisiológica en tiempo real. La ITF y otros organismos internacionales deberán considerar cómo regular de forma coherente el uso de wearables de monitorización continua sin limitar la innovación tecnológica.
Estudios recientes sugieren que la integración de sistemas de monitorización de salud en tiempo real puede reducir el riesgo de lesiones en un 20% y mejorar la adaptación al entrenamiento en un 15% (Journal of Sports Sciences, 2025). Sin embargo, su implementación en competiciones con reglas estrictas requiere equilibrar precisión científica y cumplimiento normativo, un desafío que WHOOP y otros fabricantes deberán abordar en los próximos años.
Reflexiones finales
El caso WHOOP demuestra que incluso un dispositivo altamente especializado puede enfrentarse a barreras regulatorias inesperadas. La innovación en monitorización fisiológica continúa avanzando a gran velocidad, y la presión por integrar estas tecnologías en competiciones oficiales está creciendo. Mientras tanto, los atletas y sus equipos deben evaluar cuidadosamente los riesgos y beneficios de usar sensores durante los partidos, considerando tanto el rendimiento como la legalidad dentro de cada torneo.
El debate también pone de relieve la necesidad de un diálogo abierto entre fabricantes de tecnología, federaciones deportivas y atletas, asegurando que los datos biométricos se utilicen de manera ética y efectiva. La situación del Australian Open podría sentar un precedente para futuras decisiones sobre wearables en deportes profesionales, marcando un punto de inflexión en cómo se percibe y regula la tecnología de monitorización de alto nivel.
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