Existen instituciones —los llamados bancos de heces o “stool banks”— que recogen muestras de personas sanas para usarlas en trasplantes de microbiota fecal (FMT, por sus siglas en inglés). Estas donaciones pueden servir para tratar infecciones intestinales graves, especialmente las recurrentes causadas por Clostridioides difficile, y también para investigación médica sobre otros trastornos. El interés por este tipo de bancos crece conforme se demuestra que restaurar una microbiota sana puede devolver el equilibrio en el intestino de pacientes cuyo ecosistema bacteriano ha sido destruido por antibióticos u otras causas. Pero no todo es sencillo: los donantes deben superar un riguroso cribado, y aún hay dudas sobre riesgos a largo plazo si la microbiota transfundida no coincide adecuadamente con la del receptor.
Qué son los “bancos de heces” y por qué surgen
El concepto de banco de heces se basa en la idea de que nuestras heces —o más bien las bacterias que contienen— pueden funcionar como un recurso sanitario más, similar a la sangre u órganos. En uno de los artículos recientes sobre el tema se explica que “tu caca podría salvar vidas” cuando proviene de donantes cuidadosamente seleccionados.
El procedimiento asociado, el trasplante de microbiota fecal (FMT), consiste en extraer las bacterias beneficiosas del intestino de un donante sano para transferirlas a un receptor cuya flora ha sido dañada. Esto suele ocurrir tras tratamientos prolongados con antibióticos u otras intervenciones que alteran la microbiota.
Los bancos de heces aparecen como una solución práctica para garantizar disponibilidad de material preparado mediante estándares de calidad y seguridad. Antes, el donante era muchas veces un amigo o familiar del paciente, pero esto limitaba mucho las posibilidades. Con los bancos, se pueden centralizar los criterios de selección, almacenamiento, tratamiento y distribución. Además, dado que la demanda —especialmente para ciertas infecciones recurrentes— puede ser constante, un banco permite mantener un suministro estable. En algunos casos, estos bancos incluso ofrecen compensaciones económicas a los donantes.
Casos en los que se utiliza: eficacia probada (pero con límites)
Hasta ahora, la indicación más establecida para el FMT es el tratamiento de infecciones por C. difficile recurrentes, especialmente cuando tras un antibiótico los síntomas persisten o reaparecen. En estos escenarios, la FMT ha demostrado ser mucho más eficaz que un segundo curso de antibióticos.
Por ejemplo, en un nuevo banco público de microbiota puesto en marcha en 2025 en Cataluña, estiman poder tratar a más de 200 pacientes al año. En estos pacientes, la tasa de éxito tras un trasplante es del 90 %; si es necesario un segundo trasplante, la tasa puede acercarse al 100 %.
A nivel técnico, el procedimiento puede realizarse mediante colonoscopia, cápsulas orales que contienen microbiota liofilizada o por vía endoscópica. Esto permite adaptar la administración a las condiciones del paciente o las capacidades del centro sanitario.
Lo que plantea dudas: riesgos, variabilidad y lo que no se sabe aún
No todas las muestras de heces son adecuadas. Los donantes deben someterse a un riguroso cribado: se busca excluir personas con infecciones, con patógenos transmisibles (virus, bacterias resistentes, parásitos), o con microbiota que no cumpla ciertos criterios de diversidad, salud o estabilidad. Este filtro reduce drásticamente el número de donaciones válidas: en muchos programas la mayoría de aspirantes son descartados.
Más allá de C. difficile, los investigadores exploran aplicaciones en enfermedades inflamatorias intestinales, trastornos metabólicos, obesidad, e incluso cáncer, autismo o deterioro relacionado con la edad. Pero aun en ese ámbito experimental persisten importantes incertidumbres. Estudios recientes advierten de que transferir microbiota de una región intestinal de un donante a otra región del receptor puede generar desequilibrios metabólicos o inmunológicos duraderos.
Por otra parte, existe un debate sobre la regulación de este material: algunos expertos consideran que las heces deberían tratarse como tejido humano, con reglas similares a las donaciones de órganos, incluyendo trazabilidad, control de calidad y registro de efectos adversos.
Qué significa para un país como España — y el impacto del nuevo banco público catalán
La reciente apertura del primer banco público de microbiota fecal en España, en Cataluña, marca un paso significativo. Según sus responsables, se pretende tratar unas 200 personas al año con infecciones graves recurrentes por C. difficile.
Esto supone no solo facilitar el acceso a tratamientos eficaces, sino consolidar una infraestructura de donación, análisis, almacenamiento y distribución. Las muestras son recogidas desde domicilio del donante y trasladadas con las garantías sanitarias adecuadas al laboratorio.
Además, abre la puerta a que en España se realicen más estudios clínicos sobre FMT: enfermedades digestivas, metabólicas o inmunológicas, ampliando potencialmente el uso médico más allá de las actuales indicaciones. Pero también implicará afrontar los retos éticos, regulatorios y de seguridad propios de cualquier terapia basada en material biológico humano.
Reflexiones finales
Los bancos de heces representan un cambio en la forma de ver el intestino: ya no como un simple órgano digestivo, sino como un ecosistema microbiano cuya salud puede restaurarse y aprovecharse para tratar enfermedades. Cuando la microbiota se descompone —por antibióticos, hospitalización, o factores ambientales—, la reintroducción de una flora sana puede reestablecer funciones protectoras: barrera frente a patógenos, regulación inmunológica, metabolismo de nutrientes.
Pero esta promesa debe manejarse con cautela: la variabilidad de microbiotas entre individuos es enorme, y aún no entendemos todos los efectos de insertar comunidades microbianas extrañas en alguien más. La selección del donante, el cribado, la compatibilidad, la preparación del material y el seguimiento pos-trasplante son claves para maximizar beneficios y minimizar riesgos.
Es probable que en los próximos años veamos una expansión del uso de FMT, acompañada de mejores normas regulatorias y técnicas más refinadas. Pero convendrá preservar un enfoque prudente, apoyado en evidencia robusta, y no dejarse llevar por el entusiasmo sin datos concretos.
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