Un nuevo estudio danés pone en entredicho la creencia extendida de que cuanto más delgada sea una persona, mejor será su salud. Según esta investigación, tener un índice de masa corporal (IMC) muy bajo podría ser incluso más peligroso que el sobrepeso. En este artículo analizamos los hallazgos, las posibles causas biológicas, las implicaciones para la salud pública y por qué la ciencia está cambiando la forma en que entendemos el peso y la longevidad.
Un estudio científico desafía lo que creíamos sobre el peso y la mortalidad
Una investigación reciente presentada en el Congreso de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes ha sacudido los cimientos de nuestra comprensión del peso saludable. El trabajo, realizado sobre más de 85.000 adultos daneses, mostró que las personas con IMC por debajo de 18,5 (consideradas con bajo peso) tienen casi tres veces más riesgo de morir prematuramente que aquellas situadas en el rango “alto normal” (22,5-24,9). Estos resultados, difundidos por New Atlas, indican que incluso quienes presentan un IMC “normal” pero cercano al extremo inferior (por ejemplo, entre 20 y 22,5) también experimentan un riesgo de mortalidad superior al del grupo de referencia.
Sorprendentemente, el estudio también encontró que ciertos grados de sobrepeso leve o moderado no aumentan la mortalidad de forma significativa, lo que rompe con décadas de recomendaciones basadas en el ideal de delgadez. En otras palabras, el exceso de peso podría ser menos perjudicial de lo que se pensaba, mientras que un peso demasiado bajo podría representar un riesgo oculto.
Estos hallazgos apuntan a una relación en forma de “U” entre peso y mortalidad: tanto la delgadez extrema como la obesidad severa aumentan el riesgo de muerte, mientras que un rango intermedio o incluso algo superior podría ser más protector de lo esperado.
Más allá de los números: las causas detrás del riesgo de delgadez extrema
Los investigadores advierten que la relación entre bajo peso y mortalidad no implica necesariamente que la delgadez cause directamente la muerte. Una explicación posible es la causalidad inversa, es decir, que enfermedades subyacentes —como cánceres no diagnosticados, enfermedades pulmonares o trastornos metabólicos— provoquen la pérdida de peso antes de ser detectadas.
Según un análisis publicado en ScienceDaily, las personas con bajo peso suelen tener menor masa muscular y reservas energéticas reducidas, lo que las hace más vulnerables ante infecciones, hospitalizaciones o tratamientos agresivos como la quimioterapia. En situaciones de estrés fisiológico, esas reservas son esenciales para la supervivencia.
Además, el IMC es una herramienta simplista: no distingue entre músculo y grasa, ni refleja cómo se distribuye la grasa corporal. Por ejemplo, una persona con poco peso pero alta proporción de grasa visceral —la que rodea los órganos— puede tener un perfil metabólico más peligroso que alguien con más peso pero buena masa muscular.
Otros trabajos, como el publicado en PubMed Central, confirman que un exceso de delgadez se asocia con mayor mortalidad por infecciones respiratorias, desnutrición o trastornos metabólicos, lo que sugiere que el cuerpo necesita cierta cantidad de tejido graso para mantener funciones vitales.
Repercusiones en la salud pública y en la práctica clínica
Este estudio plantea una pregunta crucial: ¿deberíamos reconsiderar qué entendemos por “peso saludable”? Durante décadas, las guías sanitarias han promovido mantener el IMC lo más bajo posible dentro del rango normal. Sin embargo, los resultados daneses sugieren que el punto óptimo podría estar más cerca del límite superior de la normalidad o incluso en el sobrepeso leve.
Desde la salud pública, esta información podría modificar los mensajes sobre prevención y nutrición. Ya no se trata solo de evitar la obesidad, sino también de vigilar la delgadez excesiva y detectar cuándo es síntoma de fragilidad o enfermedad. En el ámbito clínico, esto implica que una pérdida de peso no intencionada debe ser investigada y no vista automáticamente como una mejora del estado físico.
El estudio también subraya la necesidad de incorporar otras métricas más precisas que el IMC, como la circunferencia de cintura, la composición corporal, la relación cintura-altura o los marcadores metabólicos. Estas herramientas permitirían identificar mejor quién está realmente en riesgo, más allá del simple número en la balanza.
Como apunta New Atlas, los investigadores destacan que el propósito no es glorificar el sobrepeso, sino promover una visión más equilibrada del cuerpo humano, en la que la delgadez extrema deje de ser sinónimo de salud.
Una nueva mirada científica sobre el “peso ideal”
El debate sobre el peso ideal está lejos de resolverse, pero este trabajo representa un punto de inflexión. La ciencia parece inclinarse hacia una comprensión más matizada: el peso corporal óptimo puede variar según edad, genética, nivel de actividad y salud general.
Por ejemplo, estudios recientes muestran que en personas mayores, mantener un ligero sobrepeso se asocia con mejor longevidad y menor fragilidad. Tener algo más de grasa corporal puede ofrecer protección contra la pérdida de masa ósea, el deterioro muscular y las infecciones. En cambio, la delgadez extrema puede indicar reservas energéticas agotadas, una condición conocida como “thin-fat phenotype”, especialmente peligrosa en adultos mayores o en pacientes crónicos.
La cultura popular, sin embargo, ha perpetuado el ideal de la delgadez como símbolo de éxito y bienestar. Este tipo de estudios nos obliga a revisar esos prejuicios y entender que la salud no siempre coincide con la apariencia física. El peso, por tanto, debe interpretarse en conjunto con la alimentación, la fuerza muscular, la salud cardiovascular y el equilibrio metabólico.
Los investigadores concluyen que la prioridad debe ser mantener un cuerpo funcional y resistente, no necesariamente el más delgado. En palabras de uno de los autores citados por New Atlas, “estar demasiado delgado puede ser tan peligroso como estar demasiado gordo; lo importante es encontrar el punto en el que el cuerpo pueda resistir y adaptarse”.
Conclusión
El estudio danés que asocia el bajo peso con un mayor riesgo de muerte prematura desafía una de las ideas más arraigadas en la cultura de la salud moderna. La ciencia está dejando claro que la delgadez no siempre equivale a bienestar y que, en algunos casos, puede representar una forma de vulnerabilidad fisiológica.
La evidencia invita a dejar atrás los dogmas del “cuanto más delgado, mejor” y a sustituirlos por un enfoque más integral: buscar el equilibrio, no el extremo. El peso saludable, más que un número fijo, es un reflejo de cómo funciona el organismo en su conjunto.
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