Un estudio reciente publicado en Biochemical Pharmacology bajo el título Coffee for the liver: a mechanistic approach recopila décadas de investigaciones epidemiológicas, clínicas y experimentales que relacionan el consumo habitual de café con efectos beneficiosos sobre el hígado. Los autores analizan cómo compuestos bioactivos presentes en esta bebida, como la cafeína, los ácidos clorogénicos y los diterpenos, actúan sobre procesos biológicos clave como la inflamación, la fibrogénesis, el estrés oxidativo y el metabolismo de los lípidos. Las conclusiones apuntan a que beber tres o más tazas de café al día se asocia con una menor incidencia de enfermedad hepática grasa, fibrosis, cirrosis y cáncer hepático. Aunque los datos son consistentes en diferentes poblaciones, la revisión subraya la necesidad de realizar ensayos clínicos más amplios que confirmen mecanismos y dosis óptimas.

Evidencia científica sobre el café y el hígado

La literatura científica revisada muestra que las personas que consumen café de manera regular presentan un 29 % menos de riesgo de desarrollar enfermedad hepática grasa asociada al metabolismo (MASLD) en comparación con quienes no lo hacen, según un artículo recogido en News Medical. En pacientes diagnosticados con esta misma patología, el hábito de beber café se vincula con una reducción aproximada del 30 % en el riesgo de fibrosis avanzada.

Los beneficios parecen extenderse también a estadios más graves de la enfermedad hepática. Distintos trabajos muestran que quienes beben café tienen hasta un 40 % menos de probabilidades de desarrollar hepatocarcinoma, el cáncer de hígado más común, como se destaca en el mismo análisis publicado en News Medical. De forma paralela, los consumidores frecuentes suelen presentar niveles más bajos de enzimas hepáticas como ALT, AST y GGT, marcadores que reflejan daño celular y estrés en este órgano.

Los investigadores coinciden en que para lograr un efecto clínicamente relevante no basta con una taza ocasional. Según los datos recopilados en la revisión, los mayores beneficios se observan a partir de un consumo mínimo de tres tazas diarias. El modo de preparación, el filtrado y la variedad del grano parecen ser variables relevantes que podrían modular los efectos, como apunta de nuevo la revisión en News Medical.

Procesos biológicos y moleculares implicados

Los efectos del café sobre el hígado se entienden mejor al analizar sus mecanismos celulares. Los ácidos clorogénicos presentes en el café son potentes antioxidantes que activan la vía Nrf2, un factor de transcripción que regula la expresión de enzimas como HO-1 y NQO1. Esto permite reducir la acumulación de especies reactivas de oxígeno y mitigar el estrés oxidativo, un proceso fundamental en la progresión del daño hepático, tal y como recoge un artículo disponible en PubMed Central.

En paralelo, se ha comprobado que el café suprime la activación de vías proinflamatorias como NF-κB, disminuyendo la producción de citocinas como TNF-α e IL-6. Este mecanismo limita la inflamación crónica del hígado, que suele ser un precursor directo de fibrosis y cirrosis. El efecto antifibrótico se debe, en gran parte, a la inhibición de la activación de las células estrelladas hepáticas, responsables de la producción de colágeno y del endurecimiento del tejido. Investigaciones recientes explican cómo la cafeína reduce la expresión de α-smooth muscle actin y la secreción de factores como TGF-β, claves en el proceso de cicatrización, según se detalla en este análisis en PMC.

La revisión también señala un impacto directo en el metabolismo lipídico. El café disminuye la lipogénesis de novo, aumenta la oxidación de grasas y regula microARN como miRNA-122, que desempeña un papel esencial en la homeostasis hepática. Además, influye en la microbiota intestinal favoreciendo el crecimiento de bacterias beneficiosas como Bifidobacterium, lo que fortalece la barrera intestinal y reduce la llegada de endotoxinas al hígado, un factor que contribuye al estado inflamatorio persistente en esta patología, de acuerdo con los datos expuestos en News Medical.

El café como producto principal en estudio

El objeto de investigación no es un extracto farmacológico aislado, sino el café tal y como se consume a diario en todo el mundo. Este hecho lo hace especialmente interesante desde el punto de vista de salud pública. Se trata de una bebida de composición compleja que contiene entre un 1,5 y un 3 % de cafeína en peso seco, además de un 6 a 12 % de ácidos clorogénicos y diterpenos como cafestol y kahweol. Estos compuestos se ven influidos por variables como el método de preparación o el grado de tueste, según se describe en un estudio disponible en ResearchGate.

El modo de elaboración es particularmente relevante. Los cafés no filtrados, como el espresso o la prensa francesa, contienen más diterpenos, lo que puede tener un doble efecto: por un lado, incrementar el perfil protector frente al hígado, y por otro, elevar los niveles de colesterol sérico. Los cafés filtrados, en cambio, eliminan gran parte de estos compuestos, con lo cual el efecto metabólico se modifica. De acuerdo con datos citados en Frontiers in Pharmacology, el consumo seguro en adultos se sitúa en torno a 400 mg de cafeína al día, lo que corresponde a unas tres o cuatro tazas, aunque la tolerancia individual puede variar considerablemente.

No obstante, el café no está exento de riesgos. Las personas con sensibilidad a la cafeína pueden experimentar insomnio, ansiedad o arritmias. Además, ciertos métodos de preparación sin filtrado podrían elevar el colesterol LDL en individuos predispuestos. También hay que considerar interacciones farmacológicas, ya que la cafeína se metaboliza por el citocromo P450 y puede alterar la acción de algunos medicamentos. Todo ello refuerza la necesidad de un consumo moderado y adaptado a las características personales.

Perspectivas y preguntas abiertas

A pesar de la solidez de la evidencia, quedan cuestiones por resolver. Todavía no se ha establecido cuál es la dosis óptima en distintos perfiles de pacientes, ya que la respuesta puede depender de factores como la genética, el sexo, la presencia de diabetes tipo 2 o la coexistencia de hepatitis viral. Además, no está del todo claro qué método de preparación maximiza los beneficios sin incrementar riesgos metabólicos. El tueste, la variedad de grano y la elección entre café descafeinado o con cafeína son aspectos que podrían modificar de manera significativa los efectos observados.

Los autores de la revisión insisten en que la mayoría de los datos proceden de estudios observacionales. Esto significa que no se puede establecer una relación causal absoluta, aunque la consistencia de los resultados en diferentes poblaciones y contextos da peso a la hipótesis de un efecto protector real. Para avanzar en esta línea se requieren ensayos clínicos aleatorizados que permitan confirmar mecanismos y cuantificar el impacto con mayor precisión, como señalan los investigadores en ScienceDirect.

Reflexiones finales

El café emerge como una herramienta sencilla y accesible con potencial para contribuir a la protección del hígado, especialmente frente a la inflamación crónica, la fibrosis y las alteraciones metabólicas. No obstante, debe considerarse siempre dentro de un estilo de vida saludable que incluya dieta equilibrada, ejercicio regular y control del consumo de alcohol. Tampoco debe interpretarse como un sustituto de tratamientos médicos cuando ya existe una enfermedad hepática diagnosticada.

El mensaje práctico que se desprende de esta revisión es claro: el consumo moderado y constante de café, en el rango de tres a cuatro tazas diarias, puede aportar beneficios significativos para la salud del hígado en la población general. La clave estará en seguir investigando para determinar en qué medida este hábito puede integrarse como estrategia preventiva recomendada de manera oficial.

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