Los Meze Strada son la nueva apuesta de la firma rumana por el segmento de auriculares cerrados de gama alta, un terreno complicado donde conviven exigencias técnicas, expectativas audiófilas y un público cada vez más informado. Con un precio situado en torno a los 800 euros, estos auriculares destacan de inmediato por su estética cuidada y por el uso de materiales poco habituales en este rango, como la madera de ébano Macassar y una estructura de magnesio pintada a mano. Sin embargo, más allá de su aspecto, lo que realmente ha generado debate es su afinación sonora. Mientras algunos oyentes celebran un perfil con graves profundos y agudos muy presentes, otros consideran que la respuesta en frecuencia se aleja demasiado de una reproducción neutra. En este artículo repasamos el contexto de su lanzamiento, analizamos con cierto detalle sus características técnicas y nos detenemos en el propio producto para entender por qué los Meze Strada están despertando tantas opiniones encontradas.
Un lanzamiento esperado en un mercado exigente
El mercado de los auriculares cerrados de gama alta no es especialmente amplio, pero sí muy competitivo. Marcas como Focal, Dan Clark Audio o incluso Beyerdynamic llevan años afinando propuestas que buscan un equilibrio entre aislamiento, comodidad y fidelidad sonora. En este contexto, Meze ha sabido construir una reputación sólida gracias a modelos abiertos muy bien valorados, lo que ha elevado automáticamente las expectativas alrededor de los Strada. Tal y como se explica en el análisis publicado por Creative Bloq el atractivo visual del producto fue inmediato… aunque las primeras escuchas dejaron claro que no se trataba de unos auriculares pensados para agradar a todo el mundo.
Desde un punto de vista técnico, Meze ha optado por un diseño cerrado con drivers dinámicos de 50 mm, una decisión que condiciona claramente el comportamiento acústico. El propio fabricante declara una respuesta en frecuencia que va desde los 5 Hz hasta los 30 kHz, cifras ambiciosas que sobre el papel sugieren una gran extensión tanto en graves como en agudos. A esto se suma una impedancia de 40 ohmios y una sensibilidad en torno a los 111 dB SPL por milivatio, lo que implica que pueden alcanzar niveles de presión sonora elevados sin necesidad de amplificadores especialmente potentes. Estos datos colocan a los Strada en una posición interesante para quienes buscan auriculares de alto nivel que también puedan usarse con equipos relativamente modestos.
Materiales, ergonomía y decisiones de ingeniería
Uno de los aspectos menos discutidos de los Meze Strada es su calidad de construcción. Las copas de madera de ébano Macassar no solo aportan un acabado distintivo, sino que también influyen en el control de resonancias internas. La madera, combinada con una estructura de magnesio ligera pero rígida, ayuda a reducir vibraciones no deseadas que podrían colorear el sonido. Según información técnica compartida por distribuidores especializados como los alemanes de Auditorium, el peso total ronda los 330 gramos, una cifra contenida para un modelo cerrado con este nivel de materiales.
Desde el punto de vista ergonómico, Meze ha mantenido su filosofía habitual. La diadema autoajustable distribuye el peso de forma bastante uniforme, mientras que las almohadillas profundas, fabricadas con espuma de memoria, garantizan un buen sellado alrededor de la oreja. Este sellado es clave en un diseño cerrado, ya que influye directamente en la respuesta en graves y en el aislamiento pasivo. En condiciones normales, el aislamiento puede situarse en torno a los 15-20 dB en frecuencias medias, suficiente para uso doméstico o en entornos moderadamente ruidosos, aunque lejos de soluciones activas con cancelación electrónica.
En el interior, el driver dinámico utiliza un diafragma reforzado, con un equilibrio entre rigidez y masa pensado para mejorar la respuesta transitoria. En términos prácticos, esto se traduce en una reproducción más precisa de ataques rápidos, como percusiones o instrumentos de cuerda pulsada, siempre que la afinación global acompañe.
La afinación sonora y el origen de la controversia
El punto más delicado de los Meze Strada es, sin duda, su firma sonora. Aunque la marca habla de un sonido equilibrado y musical, las mediciones independientes y las impresiones de escucha apuntan a una respuesta claramente marcada en los extremos del espectro. Diversos análisis coinciden en señalar un refuerzo notable en el subgrave, por debajo de los 60 Hz, junto con un énfasis en la zona alta de los agudos, a partir de aproximadamente 4 kHz. Este tipo de afinación, a menudo descrita como en forma de U, tiende a ofrecer una sensación de amplitud y detalle inmediato, pero también puede generar fatiga auditiva a largo plazo.
En el artículo de Creative Bloq antes mencionado se destaca precisamente esta dualidad: por un lado, los Strada pueden resultar espectaculares con determinados géneros, como electrónica o bandas sonoras, donde el subgrave profundo y los agudos brillantes aportan dramatismo. Por otro, en grabaciones centradas en voces o instrumentos acústicos, la ligera retirada de los medios puede hacer que el sonido pierda naturalidad. Desde un punto de vista técnico, una desviación de más de ±4 dB respecto a una curva de referencia en ciertas bandas es suficiente para que un oyente experimentado perciba una coloración clara.
Algunos laboratorios de medición, como los que suelen publicar análisis en sitios especializados tipo RTINGS, han señalado que esta afinación no es necesariamente incorrecta, pero sí muy intencionada. En un contexto profesional, donde se busca una reproducción lo más fiel posible a la señal original, este perfil puede no ser el más adecuado. Sin embargo, para escucha recreativa, muchos usuarios valoran precisamente ese carácter marcado que hace que la música suene más “grande” o envolvente.
El producto en sí: para quién tienen sentido los Meze Strada
Centrarse en el producto implica aceptar que los Meze Strada no intentan ser una herramienta de referencia universal. Su diseño cerrado, su alta sensibilidad y su estética los convierten en una opción atractiva para oyentes exigentes que priorizan la experiencia de escucha y el confort. El hecho de que puedan alcanzar niveles de presión sonora elevados con poca potencia los hace compatibles con reproductores portátiles de gama media, algo que no siempre ocurre en este segmento.
Al mismo tiempo, su precio los coloca en competencia directa con modelos que apuestan por una neutralidad mayor. La elección entre unos Strada y alternativas similares dependerá en gran medida del uso previsto. Para quien busque auriculares cerrados para disfrutar de música en casa, con un sonido impactante y un diseño que no pasa desapercibido, los Strada cumplen con creces. Para tareas de mezcla, edición o evaluación crítica, puede que su firma sonora requiera una ecualización adicional o, directamente, que se opte por otra propuesta más plana.
Esta visión coincide con otros análisis publicados en medios como Forbes, donde se profundiza en la filosofía de Meze y en su apuesta por la “intimidad musical”. Allí se insiste en que la marca no persigue la neutralidad absoluta, sino una experiencia sonora que conecte emocionalmente con el oyente.
Reflexiones finales
Los Meze Strada son un ejemplo claro de cómo, en el audio de alta gama, las decisiones de diseño y afinación pueden generar reacciones muy distintas. Técnicamente están bien resueltos, con especificaciones sólidas, materiales de primer nivel y una ergonomía cuidada. Su sonido, sin embargo, no busca el consenso, y ahí reside tanto su atractivo como su principal limitación. En un mercado saturado de propuestas que persiguen curvas de respuesta cada vez más similares, Meze ha optado por diferenciarse, asumiendo que no todos los usuarios compartirán esa visión.
Para el oyente que valora la estética, el confort y un sonido con carácter, los Strada pueden ser una compra muy satisfactoria. Para quien busca precisión quirúrgica y neutralidad, probablemente existan opciones más adecuadas en el mismo rango de precio. En cualquier caso, su aparición vuelve a poner sobre la mesa un debate recurrente en el mundo del audio: hasta qué punto la fidelidad técnica debe imponerse sobre la experiencia subjetiva de escucha.
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