VELOCIDADES DE LOS DISCOS

En esta ocasión hemos medido las velocidades de acceso a los disco utilizando las herramientas propias del sistema operativo, Debian 12 en nuestro caso obteniendo los resultados de la Tabla adjunta.

El rendimiento de los discos medido directamente en el NestDisk deja claro que el NVMe es, con diferencia, la opción más adecuada para alojar tanto los datos como los servicios del sistema. Con lecturas que rondan los 645 MB/s y escrituras cercanas a los 590 MB/s, el NVMe demuestra que el bus PCIe del N150 no supone un cuello de botella y que el equipo es capaz de mover datos a una velocidad muy superior a la que cualquier protocolo de red doméstico puede ofrecer. Además, las cifras de acceso aleatorio, especialmente en escritura, son sorprendentemente altas para un dispositivo tan compacto, lo que se traduce en una experiencia ágil en tareas que implican muchos ficheros pequeños o bases de datos ligeras.

El SSD SATA ofrece un rendimiento más modesto, pero totalmente coherente con su naturaleza. Sus velocidades secuenciales, en torno a los 200 MB/s, lo sitúan en el rango habitual de un SSD conectado por SATA o USB 3.0, y sus IOPS también reflejan un comportamiento estable y adecuado para funciones secundarias. Es un disco perfecto para almacenamiento complementario, copias internas o datos que no requieran la velocidad del NVMe, manteniendo siempre un rendimiento sólido y predecible.

La eMMC, por su parte, es claramente la unidad más lenta del conjunto, algo que entra dentro de lo esperado. Sus 79 MB/s en lectura y apenas 22 MB/s en escritura la sitúan muy por debajo de las otras dos opciones, y aunque sus IOPS no son malos para un medio de este tipo, no está pensada para soportar cargas intensivas. Aun así, cumple perfectamente su función como unidad del sistema operativo: Debian, los logs y los servicios básicos no requieren más, y mantener el SO en la eMMC permite reservar el NVMe para lo que realmente importa.

Disco Tipo Lectura secuencial Escritura secuencial Lectura aleatoria Escritura aleatoria
/dev/nvme0n1p1 NVMe 644 MB/s 589 MB/s 12.298 IOPS 26.773 IOPS
/dev/sda1 SSD SATA 216 MB/s 199 MB/s 5.683 IOPS 14.417 IOPS
/dev/mmcblk0p2 eMMC 79 MB/s 22 MB/s 4.464 IOPS 5.167 IOPS

Estas nuevas mediciones vía SMB cuentan una historia muy coherente con todo lo que has ido viendo en el NestDisk: el rendimiento del NVMe y del SSD SATA, cuando se acceden desde macOS a través de SMB, cae drásticamente respecto a las pruebas locales, pero lo hace de una forma totalmente normal y esperable para este protocolo. Tanto el NVMe como el SATA muestran lecturas en torno a los 95–100 MB/s y escrituras entre 55 y 62 MB/s, prácticamente calcadas entre sí, lo que demuestra que aquí no estás midiendo el disco, sino el límite práctico de SMB sobre tu configuración actual.

En otras palabras, el hecho de que el NVMe localmente supere los 600 MB/s y el SATA ronde los 200 MB/s deja de importar en cuanto los accedes por red: SMB aplana las diferencias y los hace rendir casi igual. Esto se aprecia especialmente en las pruebas aleatorias, donde los valores se desploman hasta cifras simbólicas, algo completamente típico en SMB, que nunca ha sido eficiente manejando accesos pequeños y dispersos. El resultado es que, aunque el NVMe sea muy superior en acceso local, a través de SMB su rendimiento queda limitado por la propia naturaleza del protocolo, no por el hardware del NestDisk.

Lo interesante es que tus pruebas de iperf3 ya demostraron que la red 2.5 GbE funciona perfectamente, alcanzando más de 2.3 Gbps sostenidos. Eso significa que la infraestructura no es el cuello de botella: es SMB el que impone el techo, y ese techo suele situarse entre 90 y 120 MB/s en lectura y algo menos en escritura, incluso en redes rápidas. Por eso las cifras de AmorphousDiskMark (el equivalente al conocido Crystal Disk Mark para Windows) son prácticamente idénticas tanto para el NVMe como para el SATA: ambos están chocando contra la misma limitación del protocolo.

Los resultados del RAID 0 accedido vía SMB confirman, una vez más, que el cuello de botella no está en los discos ni en el NestDisk, sino en el propio protocolo SMB. Aunque el RAID 0 combina dos unidades para ofrecer mayor velocidad en acceso local, esa ventaja desaparece casi por completo cuando se accede a través de la red. Las cifras que has obtenido —lecturas en torno a 30–36 MB/s y escrituras alrededor de 26 MB/s— son incluso más bajas que las del NVMe o el SATA individuales bajo SMB, loque demuestra que el rendimiento final depende mucho más de la implementación del protocolo, del servidor Samba y del cliente macOS que de la configuración física de los discos.

En un escenario ideal, un RAID 0 debería ofrecer un incremento notable en lectura secuencial, pero SMB no es capaz de aprovechar esa paralelización. De hecho, al añadir más capas (RAID por un lado, SMB por otro), lo habitual es que aparezca aún más overhead, lo que explica que las velocidades sean inferiores incluso a las obtenidas con un único disco. Las pruebas aleatorias, como siempre en SMB, se desploman hasta valores simbólicos, lo que refuerza la idea de que este protocolo nunca ha sido eficiente manejando accesos pequeños o dispersos, independientemente del hardware subyacente.

Lo importante es que estos resultados no indican ningún problema en el NestDisk ni en los discos. Las pruebas locales ya demostraron que el NVMe supera los 600 MB/s y que el SATA rinde perfectamente dentro de su categoría. El RAID 0 también funcionará bien si se usa localmente. Simplemente, SMB impone un techo muy bajo que hace que cualquier mejora en el subsistema de almacenamiento quede completamente oculta cuando se accede desde la red. En resumen, el RAID 0 no aporta ventajas reales en un entorno NAS doméstico basado en SMB, y los resultados obtenidos encajan exactamente con lo que cabría esperar.

 

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