La Raspberry Pi 5 ha dado un salto notable en rendimiento, conectividad y posibilidades de expansión, acercándose más que nunca a escenarios que antes estaban reservados a PCs compactos o sistemas embebidos industriales. Sin embargo, uno de los debates más curiosos que ha surgido con esta generación no tiene que ver con la CPU o la GPU, sino con algo aparentemente más simple: el número de puertos USB. Los cuatro puertos integrados pueden parecer suficientes para un uso doméstico, pero en cuanto la Pi 5 se emplea como plataforma de desarrollo, laboratorio o nodo de servicios, la demanda crece rápidamente. En este artículo analizamos hasta qué punto tiene sentido llegar a catorce puertos USB, qué papel juega la placa de expansión Suptronics X1013 y cuáles son las implicaciones técnicas reales en términos de ancho de banda, potencia eléctrica y estabilidad. El objetivo no es exagerar, sino entender por qué, en ciertos contextos, más USB no es un exceso, sino una necesidad práctica.

La Raspberry Pi 5 como base de sistemas más complejos

Durante años, la Raspberry Pi ha sido percibida como una placa educativa o de hobby, pero con la Pi 5 esa percepción empieza a quedarse corta. Su procesador Broadcom BCM2712 de cuatro núcleos Cortex-A76 a 2,4 GHz ofrece un rendimiento muy superior al de generaciones anteriores, y su subsistema de entrada y salida se ha reforzado con USB 3.0 real y un enlace PCIe Gen2 x1. Este último detalle es especialmente relevante, ya que abre la puerta a expansiones que antes no eran viables de forma directa y estable.

En su configuración estándar, la Raspberry Pi 5 integra dos puertos USB 3.0 capaces de alcanzar hasta 5 Gbps teóricos cada uno y dos puertos USB 2.0 limitados a 480 Mbps. Para tareas como escritorio ligero, multimedia o pequeños servicios, esta combinación suele ser suficiente. El problema aparece cuando la RPi se utiliza como plataforma de pruebas o como nodo central de varios subsistemas. Cámaras USB, discos externos, adaptadores de red, programadores, interfaces serie, dongles inalámbricos y dispositivos de medición empiezan a competir por esos cuatro conectores físicos, obligando a recurrir a hubs externos conectados en cascada.

Desde un punto de vista técnico, el uso intensivo de hubs USB no es negativo por definición, pero introduce más puntos de fallo, más cableado y, en muchos casos, limitaciones de alimentación. Además, no todos los hubs gestionan bien múltiples dispositivos activos de forma simultánea, sobre todo cuando se mezclan USB 2.0 y USB 3.0. Aquí es donde empieza a tener sentido plantearse soluciones de expansión más integradas y pensadas específicamente para la Raspberry Pi 5.

Catorce puertos USB en un laboratorio compacto

Disponer de catorce puertos USB en tu Raspberry Pi deja de parecer excesivo cuando la usas como un auténtico laboratorio: entre gateways, sensores, programadores, aceleradores de IA, almacenamiento externo y dispositivos de prueba, los puertos se consumen con una facilidad sorprendente. En ese contexto, la Pi se convierte en un nodo multipropósito donde conviven protocolos, experimentos y flujos de trabajo simultáneos, y tener muchos USB no es un lujo sino la forma de evitar cuellos de botella y mantener la flexibilidad que exige un entorno de pruebas serio y dinámico.

Este enfoque encaja especialmente bien con perfiles técnicos que trabajan en electrónica, IoT, visión artificial o automatización. Una sola Raspberry Pi 5 puede actuar como servidor de datos, controlador de dispositivos, plataforma de desarrollo y banco de pruebas al mismo tiempo. El límite ya no suele estar en la potencia de cálculo, sino en la conectividad física y en la capacidad de gestionar muchos periféricos de forma estable y continuada.

La Suptronics X1013 y la expansión mediante PCIe

La placa Suptronics X1013 (42 EUR), analizada en detalle en el artículo original de CNX Software, es un buen ejemplo de cómo aprovechar el enlace PCIe de la Raspberry Pi 5 para ampliar su conectividad USB de forma ordenada. En lugar de depender de un hub conectado a uno de los puertos USB de la propia placa, esta solución se comunica directamente a través del bus PCIe Gen2 x1, lo que permite una integración más limpia a nivel de sistema.

Desde el punto de vista técnico, la X1013 combina un controlador VIA Labs VL805, que actúa como puente PCIe a USB 3.0, con un hub USB 2.0 adicional. El resultado son cuatro puertos USB 3.2 Gen1 adicionales, capaces de ofrecer hasta 5 Gbps cada uno, y seis puertos USB 2.0 para periféricos de menor demanda. Sumados a los cuatro puertos nativos de la Raspberry Pi 5, se alcanza un total de catorce conexiones USB físicas disponibles de forma simultánea.

Otro aspecto relevante es la gestión de la alimentación. La Suptronics X1013 acepta entrada de corriente entre 9 y 18 V con hasta 3 A y puede suministrar 5,1 V directamente a la Raspberry Pi mediante contactos pogo. Esto permite alimentar tanto la placa principal como los dispositivos USB desde una única fuente, algo especialmente útil en configuraciones fijas, racks de pruebas o entornos semiprofesionales.

Ancho de banda real y limitaciones técnicas

Aunque sobre el papel catorce puertos USB impresionan, es fundamental entender cómo se reparte el ancho de banda en la práctica. El enlace PCIe Gen2 x1 de la Raspberry Pi 5 ofrece una tasa máxima de 5 GT/s, lo que se traduce en torno a 4 Gbps efectivos tras tener en cuenta la codificación y las sobrecargas del protocolo. Todos los puertos USB añadidos a través de la X1013 comparten ese enlace, por lo que no es realista esperar que varios dispositivos USB 3.0 funcionen todos a máxima velocidad de forma simultánea.

En escenarios reales, esta limitación rara vez es crítica. Sensores, programadores, interfaces serie o adaptadores de comunicación apenas consumen ancho de banda. Incluso varios discos duros externos pueden convivir sin problemas si no se realizan transferencias intensivas al mismo tiempo. En cambio, aplicaciones como la captura de vídeo desde múltiples cámaras USB 3.0 sí requieren una planificación cuidadosa, asignando los dispositivos más exigentes a los puertos nativos de la Pi y relegando los demás a la expansión.

La documentación oficial de la Raspberry Pi Foundation deja claro que la RPi 5 está diseñada buscando un equilibrio entre coste, consumo energético y prestaciones, y que la expansión mediante PCIe amplía sus posibilidades sin eliminar por completo las limitaciones físicas del sistema.

Alimentación, consumo y estabilidad

Cuando se conectan muchos dispositivos USB, la alimentación eléctrica se convierte en un factor crítico. Cada periférico consume energía, y la suma puede ser considerable incluso aunque individualmente el consumo sea bajo. Con una fuente estándar de 5 V y 3 A, la Raspberry Pi 5 limita la corriente disponible para USB a unos 600 mA. Al utilizar la fuente oficial de 5 V y 5 A, ese límite aumenta hasta aproximadamente 1,6 A, lo que ya permite alimentar varios dispositivos sin problemas.

La ventaja de placas como la Suptronics X1013 es que alivian esta carga al integrar su propio sistema de alimentación. Esto reduce el riesgo de caídas de tensión, reinicios inesperados o desconexiones intermitentes, problemas bien conocidos por quienes han trabajado con hubs USB genéricos. Desde un punto de vista técnico, una alimentación estable es tan importante como el ancho de banda, especialmente en entornos donde la Raspberry Pi funciona de manera continua y sin supervisión.

Casos de uso y sentido práctico

No todas las personas usuarias necesitan catorce puertos USB, y conviene dejarlo claro. Para un uso doméstico o semiprofesional básico, un buen hub USB con alimentación externa suele ser suficiente. Sin embargo, en entornos de desarrollo, pruebas, automatización o integración de sistemas, la situación cambia de forma notable. Tener muchos puertos disponibles de manera directa facilita cambiar dispositivos, probar configuraciones distintas y mantener varios subsistemas conectados de forma permanente.

En proyectos de IoT, por ejemplo, es habitual combinar adaptadores USB a serie, interfaces CAN, dongles Zigbee o LoRa, almacenamiento externo y dispositivos de depuración. En ese contexto, la expansión USB deja de ser una curiosidad para convertirse en una herramienta de trabajo real. La Raspberry Pi 5, junto con placas como la X1013, se acerca más al concepto de microservidora modular que al de simple placa educativa.

Reflexiones finales

La cuestión de si tiene sentido disponer de catorce puertos USB en una Raspberry Pi 5 depende por completo del uso previsto. Técnicamente es viable gracias al enlace PCIe y a soluciones bien diseñadas como la Suptronics X1013, siempre que se comprendan y se acepten las limitaciones de ancho de banda y alimentación. En la práctica, para muchas personas usuarias avanzadas, esta expansión aporta orden, estabilidad y margen de crecimiento.

La Raspberry Pi 5 confirma así su evolución hacia una plataforma capaz de asumir proyectos complejos y exigentes. No sustituye a un PC tradicional, pero en escenarios donde la conectividad, la modularidad y la flexibilidad son prioritarias, sigue ampliando su terreno con propuestas cada vez más interesantes.

517
Suscribirse
Notificación
0 Comments
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios
0
¡Aquí puedes dejar tus comentarios!x