El nuevo set LEGO Game Boy no es solo una maqueta, sino un tributo tangible al espíritu innovador de Nintendo y a la pasión por el diseño de LEGO. Con 421 piezas y una fidelidad casi total al modelo original de 1989, esta creación combina técnica, nostalgia y diversión. En esta reseña basada en la entrevista exclusiva de Gizmodo con sus diseñadores, exploramos los secretos detrás de este icónico set, su proceso creativo y su valor para coleccionistas y fans retro.

El regreso del ladrillo gris que cambió la historia

Pocas consolas han dejado una huella tan profunda como la Game Boy. Para millones de personas, fue la puerta de entrada al mundo portátil del videojuego. Su diseño robusto, su pantalla monocroma y su interminable catálogo de títulos clásicos convirtieron a la creación de Nintendo, lanzada en 1989, en un fenómeno cultural.
Por eso, cuando LEGO anunció la recreación oficial de la Game Boy con 421 piezas y un precio de 60 dólares, muchos sintieron una oleada de emoción. La noticia fue recibida como un homenaje generacional, una oportunidad para reconstruir parte de la infancia pieza a pieza.

Según la entrevista publicada por Gizmodo, el proyecto fue liderado por Carl Merriam, diseñador senior con más de una década en LEGO, y Simon Kent, director de diseño con casi veinte años en la compañía. Ambos admiten que este set fue un desafío especial: no se trataba solo de construir una maqueta, sino de capturar el alma del Game Boy y la sensación de tener un dispositivo real entre las manos.

El modelo, que LEGO recomienda para mayores de 18 años, se monta fácilmente en poco más de una hora. Sin embargo, su simplicidad no le resta valor: cada fase del montaje está pensada para que el constructor se sienta como si ensamblara un gadget auténtico. Los botones se presionan, las ruedas giran, el interruptor de encendido se desliza, e incluso se pueden insertar cartuchos de ladrillos que simulan Super Mario Land y The Legend of Zelda: Link’s Awakening.

Secretos y desafíos del diseño: la precisión de un icono

Lograr que un conjunto de piezas cuadradas se transforme en una consola de formas curvas no fue tarea fácil. Merriam y Kent explican que Nintendo participó activamente en cada fase del desarrollo, algo habitual cuando se trata de sus propiedades intelectuales. “Tenemos un equipo en Japón que nos conecta con los departamentos de hardware y diseño de Nintendo. Incluso llegamos a reunirnos con uno de los ingenieros originales del Game Boy”, comenta Kent en la entrevista.

El proceso de diseño duró cerca de un año y requirió entre 10 y 20 iteraciones antes de llegar al resultado final. Cada cambio buscaba equilibrar fidelidad visual y jugabilidad táctil. Merriam recuerda que el mayor reto fue conseguir que los botones de LEGO ofrecieran una respuesta háptica similar a los del dispositivo original. “Queríamos que pulsar el D-pad o los botones A y B produjera esa misma sensación elástica y precisa”, explica.

El secreto está en los pequeños detalles: detrás del D-pad hay una pieza de goma que aporta flexibilidad; los botones A y B son en realidad sombreros de minifig pintados de rosa, sostenidos por bandas elásticas que imitan la resistencia del mecanismo real. Incluso los botones Start y Select son ruedas de neumático rediseñadas de color gris, una referencia a piezas clásicas de 1969.

Esta minuciosidad se extiende a otros elementos del set. Por ejemplo, el panel transparente que actúa como pantalla es una ventana LEGO antigua adaptada con precisión para encajar en el marco. El resultado es una recreación casi 1:1 que no solo se parece al Game Boy, sino que también se siente como él al tocarlo.

Easter eggs, lenticulares y piezas personalizadas

Más allá de la fidelidad externa, el LEGO Game Boy esconde múltiples “Easter eggs” diseñados para sorprender incluso a los constructores más experimentados. Uno de ellos está en el interior: al retirar la tapa trasera, se accede a un compartimento donde pueden intercambiarse tres pantallas lenticulares que simulan el arranque del sistema con el logotipo de Nintendo o escenas de Super Mario Land y Zelda: Link’s Awakening.

Cada cartucho o Game Pak de ladrillos es una obra en miniatura. En el caso del cartucho de Zelda, los diseñadores incluyeron incluso una diminuta pieza dorada que representa la batería de guardado que permitía conservar las partidas en los juegos originales. Este detalle, revelado por Merriam a Gizmodo, muestra hasta qué punto LEGO cuida los aspectos técnicos y narrativos.

El interior del modelo también incluye una pieza curiosa: un soporte articulado que mantiene las pantallas lenticulares en su sitio. Al preguntarle por su nombre, Merriam bromeó llamándolo “dingler”, un término sin definición técnica pero que ya se ha convertido en parte de la leyenda del set.

A pesar de la posibilidad de añadir periféricos, los diseñadores decidieron mantener el enfoque simple y esencial. “Queríamos centrarnos en lo que hacía al Game Boy tan especial: su portabilidad, su diseño limpio y la capacidad de jugar donde quieras”, explican. Hubo ideas de incorporar auriculares o una lupa como la del Game Boy Light Magnifier, pero finalmente optaron por priorizar la pureza del diseño.

LEGO y Nintendo: una alianza creativa que mira al futuro

El LEGO Game Boy no surge de la nada. Es el segundo gran proyecto colaborativo entre LEGO y Nintendo, tras el exitoso set del NES lanzado en 2020, que incluía una televisión retro y un Mario animado por mecanismos internos. Sin embargo, esta vez la idea era diferente: ofrecer una versión más accesible y asequible, pensada para quienes quieren un set emblemático sin invertir en un proyecto tan complejo.

Simon Kent lo resume así: “El NES era un producto de gama alta, con televisor incluido. Con el Game Boy queríamos explorar un formato más compacto y un precio más bajo para ampliar el público.”

Cuando se le preguntó si habría más consolas LEGO en el futuro —como una SNES, Nintendo 64 o GameCube—, los diseñadores guardaron silencio. Pero el entusiasmo con que hablaron del proceso deja claro que la colaboración entre ambas marcas no ha terminado.

Carl Merriam, fan confeso de Nintendo, explica que la filosofía de LEGO es no copiar las creaciones de la comunidad, sino reinterpretar el objeto original desde cero, en colaboración con la marca propietaria. “Si buscas en internet, hay miles de Game Boys hechos con LEGO, pero nosotros no los miramos. Queremos centrarnos en el objeto real y en lo que representa para Nintendo y para el jugador”, afirma.

Esta estrategia mantiene la autenticidad del producto y evita conflictos creativos con los fans, a la vez que garantiza que el resultado sea una pieza oficial con legitimidad histórica.

La experiencia del montaje: poesía en ladrillos

El montaje del LEGO Game Boy es, ante todo, una experiencia emocional. Aunque se completa en poco más de una hora, cada paso está lleno de pequeñas satisfacciones. No hay piezas superfluas ni pasos repetitivos; todo tiene un propósito estructural o estético.

Merriam define su filosofía de trabajo con una frase que resume la magia del set: “El sistema LEGO es como un lenguaje. A veces intento escribir poesía con él, y creo que en este caso lo he conseguido.”

La comparación es acertada: el LEGO Game Boy se siente como una composición equilibrada entre forma y función, entre nostalgia y modernidad. La estructura interior está tan cuidada como el exterior; quien lo construye descubre soluciones ingeniosas escondidas bajo las capas de piezas, una experiencia que recuerda a desmontar un dispositivo real para comprender su mecánica.

El único punto débil, según Gizmodo, es que la pantalla transparente puede llegar algo rayada en algunas unidades y que las tarjetas lenticulares no son muy visibles desde ciertos ángulos. Curiosamente, eso mismo ocurría con la Game Boy original, cuyo display monocromo obligaba a buscar la posición perfecta para ver bien los gráficos.

Por lo demás, la experiencia es un placer absoluto. La sensación al pulsar los botones, el encaje perfecto del cartucho y la textura de las piezas grises evocan la misma mezcla de alegría y nostalgia que muchos sintieron al encender su consola por primera vez hace más de tres décadas.

Un tributo a la cultura del videojuego

Más allá del coleccionismo, el LEGO Game Boy encarna un mensaje cultural: los juguetes y la tecnología no pertenecen a generaciones distintas, sino que pueden coexistir como expresiones de creatividad. Este set une a adultos que vivieron el auge del Game Boy y a jóvenes que descubren su estética por primera vez.

En convenciones de fans y exposiciones de LEGO, el modelo ya se ha convertido en un objeto de culto. Su relación directa con la historia del videojuego lo sitúa junto a piezas como el NES o el Atari 2600 de LEGO. Pero lo que realmente lo diferencia es su capacidad para transmitir emoción sin necesidad de encenderse: basta con sostenerlo para que la memoria colectiva cobre vida.

A un precio asequible y con una calidad de construcción sobresaliente, el LEGO Game Boy representa la unión perfecta entre dos filosofías: la precisión japonesa de Nintendo y la ingeniería lúdica danesa de LEGO. Ambas marcas, reconocidas por su atención al detalle, han logrado aquí un equilibrio entre respeto histórico e innovación técnica.

Conclusión

El LEGO Game Boy es mucho más que una maqueta retro: es una pieza que resume la historia de dos compañías visionarias, un ejercicio de diseño que combina técnica, emoción y homenaje cultural. Con solo 421 piezas, consigue transmitir décadas de historia del videojuego y del juguete educativo.

Para coleccionistas, fans de Nintendo o amantes del diseño industrial, es una joya que demuestra que la nostalgia puede ser una forma de arte. Y como dijo Merriam, es también “poesía escrita con ladrillos”.

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