La adopción del hogar conectado avanza a ritmos muy distintos según la región. Estados Unidos supera ya el 80 % de hogares con algún dispositivo inteligente, mientras Europa progresa de forma más gradual y España se integra dentro de ese crecimiento continental sin datos públicos que permitan compararla directamente con la media europea. En Iberoamérica, la situación es más desigual y depende de factores económicos, infraestructurales y de confianza tecnológica. Este artículo analiza esas diferencias apoyándose únicamente en fuentes accesibles y verificadas, y toma como referencia un producto concreto —un robot aspirador conectado— que ilustra el nivel de madurez del mercado estadounidense.
Estados Unidos: cuando el hogar conectado es casi la norma
Según los datos de AOL más de ocho de cada diez hogares estadounidenses cuentan ya con algún tipo de tecnología inteligente. Esta cifra, que supera el 80 %, refleja un mercado extremadamente maduro en el que la presencia de dispositivos conectados se ha vuelto cotidiana. No hablamos solo de enchufes WiFi o bombillas inteligentes, sino de sistemas de seguridad, termostatos, electrodomésticos conectados, sensores ambientales y automatizaciones complejas que funcionan de forma coordinada.
La integración de los grandes actores tecnológicos es uno de los factores clave. Amazon, Google y Apple han convertido el hogar conectado en una extensión natural de sus ecosistemas, ofreciendo asistentes de voz que actúan como interfaz principal para el usuario. Desde un punto de vista técnico, el despliegue generalizado de redes WiFi con estándares como Wi‑Fi 6 y la abundancia de routers capaces de gestionar decenas de dispositivos simultáneos permiten que una vivienda media soporte sin problemas un ecosistema IoT denso. Además, la adopción de protocolos como Zigbee, Z‑Wave y Matter ha incrementado la interoperabilidad y reducido la complejidad de configuración.
El producto protagonista: un robot aspirador como síntoma de madurez
El artículo de AOL destaca un robot aspirador conectado que sirve como ejemplo perfecto del nivel de integración alcanzado en muchos hogares estadounidenses. No se trata únicamente de que el aparato limpie de forma autónoma, sino de que se coordina con otros elementos del sistema doméstico. El usuario puede programar la limpieza cuando las cerraduras inteligentes detectan que la casa está vacía, o vincular el funcionamiento del robot a determinadas escenas de iluminación y presencia.
Desde un punto de vista técnico, estos dispositivos combinan navegación basada en LIDAR, algoritmos SLAM para mapear la vivienda y conectividad permanente mediante WiFi. La interacción con plataformas como Alexa o Google Home permite definir automatizaciones en las que el robot se convierte en un componente más del grafo de entidades del hogar inteligente. La capacidad de recibir actualizaciones de firmware incrementales prolonga la vida útil del dispositivo y corrige vulnerabilidades, algo que en mercados menos maduros todavía no se percibe como un requisito básico.
Europa: crecimiento sólido, pero lejos de la adopción estadounidense
Cuando se mira a Europa, el panorama cambia. El informe de NextMSC sobre el mercado europeo del hogar inteligente muestra un crecimiento importante en volumen, pero todavía a cierta distancia de la realidad estadounidense. El mercado europeo se valoró en decenas de miles de millones de dólares en 2023 y se prevé que alcance cifras muy superiores hacia 2032, con tasas de crecimiento anual de dos dígitos. Sin embargo, la penetración en hogares sigue siendo moderada en comparación con Estados Unidos.
Europa se enfrenta a condicionantes estructurales. La vivienda es más antigua y más vertical, con edificios que dificultan intervenciones profundas en la infraestructura eléctrica o de datos. Muchos inmuebles carecen de preinstalaciones que faciliten la integración de sensores empotrados, relés o cableado adicional. Además, la fragmentación regulatoria y lingüística complica que un mismo producto funcione igual en todos los países, tanto a nivel de certificaciones como de servicios en la nube asociados.
La preocupación por la privacidad también tiene un peso importante. El Reglamento General de Protección de Datos obliga a replantear arquitecturas de servicio, almacenamiento y tratamiento de información, y muchos usuarios miran con recelo a cámaras y micrófonos siempre activos. Técnicamente, esto ha impulsado el desarrollo de soluciones con más procesamiento en local y menos dependencia de la nube, pero esa apuesta aún no se ha traducido en una adopción masiva comparable a la estadounidense.
España: un mercado dinámico dentro del contexto europeo
España forma parte del análisis europeo del informe de NextMSC citado anteriormente. Aunque no existen datos públicos desglosados que permitan comparar directamente la penetración española con la media continental, sí se puede afirmar que España es uno de los mercados relevantes dentro del conjunto europeo.
La infraestructura de fibra óptica hasta el hogar es uno de los factores diferenciales. España cuenta con una de las redes FTTH más extensas de Europa, lo que facilita la conectividad de múltiples dispositivos sin problemas de ancho de banda. El clima también influye: la necesidad de gestionar calefacción y aire acondicionado de manera eficiente ha impulsado la instalación de termostatos inteligentes, sensores de temperatura y soluciones de control de persianas y toldos.
Desde un punto de vista técnico, los hogares españoles que apuestan por la domótica suelen combinar dispositivos WiFi de bajo coste con hubs dedicados basados en Zigbee o Z‑Wave, y una capa de orquestación mediante plataformas como Home Assistant. Esto genera ecosistemas heterogéneos, pero también muy flexibles y adaptables a distintos presupuestos.
Iberoamérica: potencial claro, barreras muy visibles
Si se desplaza la mirada hacia Iberoamérica, los datos cambian de escala. El informe de IMARC Group sobre el mercado latinoamericano del hogar inteligente estima un valor de mercado de unos 3.100 millones de dólares en 2024, con previsiones de alcanzar los 8.100 millones en 2033. Por su parte, el análisis de NextMSC cifra el mercado en 5.240 millones de dólares en 2023 y proyecta 17.780 millones en 2030, con una tasa de crecimiento anual superior al 19 %.
Las causas de la baja penetración son claras. El poder adquisitivo medio es inferior al europeo y al estadounidense, lo que hace que muchos dispositivos inteligentes se perciban como productos aspiracionales. Los aranceles y costes logísticos incrementan el precio final y limitan el acceso a gamas medias y altas. La infraestructura de banda ancha fija y móvil no es homogénea, con zonas urbanas bien conectadas y áreas rurales con cobertura deficiente.
Desde el punto de vista técnico, la instalación de sistemas de hogar conectado se topa con viviendas muy heterogéneas, a menudo sin toma de tierra adecuada, con cableados antiguos o sin espacio para cuadros eléctricos modernos. Esto obliga a recurrir a soluciones puramente inalámbricas que pueden sufrir problemas de alcance, interferencias o saturación del espectro en entornos densos. Además, la falta de instaladores especializados y de fabricantes locales limita la oferta de soluciones integrales.
Conclusión: un futuro común con velocidades distintas
La fotografía global del hogar conectado muestra un mismo destino, pero con velocidades muy diferentes. Estados Unidos se encuentra en una fase de adopción masiva, donde integrar un robot aspirador con el sistema de seguridad y la climatización ya no es un experimento. Europa avanza con más prudencia, condicionada por su diversidad y por la estructura de su parque de vivienda. España se integra dentro de ese crecimiento continental como un mercado dinámico, aunque sin datos públicos que permitan compararla directamente con la media europea. Iberoamérica, por su parte, crece rápido en términos relativos, pero arrastra barreras económicas, de infraestructura y de confianza que limitan por ahora la penetración real en los hogares.
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El 2025 ha sido un año especialmente accidentado para el hogar conectado, demostrando que la “casa inteligente” aún tiene mucho de torpe.
Según PCWorld, los fallos más sonados van desde camas inteligentes que se sobrecalientan hasta termostatos que quedan inutilizados tras actualizaciones fallidas.
La llegada de asistentes con IA generativa, como Alexa+ y Google Gemini, prometía revolucionar la experiencia, pero su debut fue decepcionante: respuestas erráticas, rutinas que no se ejecutan y una incapacidad sorprendente para tareas básicas.
A esto se suman caídas en la nube que dejan dispositivos inservibles y problemas de privacidad recurrentes. En conjunto, 2025 evidencia que la domótica sigue siendo más frágil de lo que nos gustaría.