En los últimos años, la adopción de la inteligencia artificial (IA) ha crecido de manera notable, pero un fenómeno poco discutido es la menor participación de las mujeres en el uso de estas tecnologías. Investigaciones recientes indican que esta brecha no se debe únicamente a la falta de interés o habilidades, sino a preocupaciones medioambientales y éticas. La gran cantidad de energía eléctrica requerida para entrenar modelos de IA generativa y el impacto indirecto sobre el cambio climático son factores determinantes para muchas usuarias, como muestra el caso de Claire Burgi, que decidió abstenerse de utilizar herramientas como ChatGPT debido a … su huella ecológica. Este artículo analiza las causas de la menor adopción femenina de la IA, la magnitud del consumo energético de los sistemas de IA y cómo estas decisiones individuales se relacionan con un compromiso creciente hacia la sostenibilidad tecnológica.

La IA y su impacto energético

La tecnología de IA generativa, como la que alimenta ChatGPT o sistemas similares de procesamiento de lenguaje natural, depende de centros de datos que consumen enormes cantidades de electricidad. Estudios recientes muestran que cada consulta realizada a través de ChatGPT consume aproximadamente diez veces más energía que una búsqueda estándar en Google. Además, la infraestructura que soporta estas tecnologías podría llegar a usar seis veces más agua que la consumida anualmente por un país como Dinamarca. Este elevado gasto energético se traduce en emisiones significativas de gases de efecto invernadero, un aspecto que preocupa especialmente a las usuarias concienciadas con la crisis climática. Por ello, aunque los hombres tienden a adoptar estas herramientas de manera más rápida, las mujeres muestran una mayor sensibilidad a los efectos ambientales y éticos de su uso.

Desde el punto de vista técnico, los modelos de IA generativa funcionan mediante redes neuronales profundas que requieren entrenamientos de cientos de horas con GPUs de alta potencia. Cada iteración de entrenamiento puede consumir hasta varios megavatios hora, y mantener los servidores en operación continua implica un coste energético adicional. La combinación de consumo eléctrico y refrigeración intensiva convierte a estos sistemas en grandes consumidores de recursos, lo que explica por qué algunas usuarias deciden limitar su interacción con la tecnología.

La brecha de género en la adopción de IA

Investigaciones de la Harvard Business School, que sintetizan datos de 18 estudios en más de 140.000 individuos en todo el mundo, indican que las mujeres son aproximadamente un 20% menos propensas que los hombres a interactuar directamente con tecnologías de IA. Este comportamiento no refleja una falta de competencia técnica, sino un enfoque diferente hacia la evaluación de riesgos y consecuencias. Las mujeres tienden a priorizar los impactos ambientales, la privacidad y la ética sobre la conveniencia inmediata, lo que se traduce en un uso más crítico y selectivo de la IA.

El caso de Claire Burgi, actriz y narradora de audiolibros, ilustra cómo decisiones individuales pueden estar motivadas por la conciencia ecológica. Burgi, que creció en California observando los efectos del cambio climático y los incendios forestales, decidió evitar el uso de IA generativa debido a su impacto ambiental directo e indirecto. Este enfoque refleja un patrón más amplio: la adopción tecnológica no depende solo de la capacidad de aprendizaje, sino de la alineación de los valores personales con la práctica tecnológica.

IA y sostenibilidad: un equilibrio delicado

En la práctica, integrar la IA de manera sostenible implica considerar tanto la eficiencia energética como la reducción de emisiones. Algunas soluciones técnicas incluyen optimizar los algoritmos para disminuir el número de cálculos necesarios, utilizar hardware más eficiente y recurrir a fuentes de energía renovable en los centros de datos. Sin embargo, la complejidad de los modelos actuales hace que estas medidas sean insuficientes si no se implementan a gran escala.

Un estudio de 2024 mostró que un solo request a través de ChatGPT equivale al consumo energético de varias horas de uso de un ordenador promedio, lo que demuestra la magnitud del desafío. Para empresas y desarrolladores, esto implica un compromiso con la transparencia sobre el consumo energético y las emisiones asociadas a sus servicios. El papel de las usuarias críticas es, por tanto, relevante para presionar hacia un desarrollo tecnológico más responsable.

Reflexiones finales

El menor uso de la IA entre mujeres no debe interpretarse como resistencia irracional a la tecnología, sino como un indicador de sensibilidad hacia el impacto social y ambiental de la innovación digital. Comprender estas diferencias es clave para diseñar estrategias que fomenten una adopción responsable y equilibrada de la IA, garantizando que su crecimiento no comprometa los recursos naturales ni aumente de manera significativa la huella de carbono global. Además, casos como el de Claire Burgi muestran que la concienciación individual puede influir en tendencias más amplias de consumo tecnológico.

El debate sobre IA y sostenibilidad también abre un espacio para la educación y la transparencia en la industria. Informar sobre el consumo energético real de las aplicaciones y los modelos de IA puede ayudar a cerrar la brecha de género, al ofrecer a todas las personas la información necesaria para tomar decisiones informadas y alineadas con sus valores.

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