En un movimiento que pocos esperaban en el mundo del automóvil de lujo, Lamborghini ha decidido aparcar sus planes de lanzar un coche completamente eléctrico en el corto plazo y centrar sus esfuerzos en sistemas híbridos enchufables (PHEV). Esta decisión no es solo una anécdota de estrategia empresarial, sino un síntoma de que el mercado de vehículos eléctricos de alta gama (EV) no está evolucionando con la rapidez que muchas marcas habían anticipado. Según el CEO de la marca, Stephan Winkelmann, “la curva de aceptación de coches eléctricos de nuestra clase se está aplanando y se sitúa prácticamente cerca de cero”, lo que ha llevado a replantear la hoja de ruta de electrificación diseñada para la próxima década .
El resultado de este replanteamiento es que el esperado Lamborghini Lanzador, que iba a ser un “Ultra GT” de 1.341 CV con motor 100 % eléctrico, ya no verá la luz como coche completamente a batería. En su lugar, el proyecto se reconduce hacia un modelo híbrido enchufable programado para 2029, que aunará un motor de combustión tradicional de altas prestaciones con un sistema eléctrico auxiliar, permitiendo una potencia combinada elevada sin renunciar por completo a la identidad sonora y dinámica de la marca .
¿Por qué el mercado de eléctricos de lujo flaquea?
La lógica detrás de este cambio no es puramente emocional, aunque la firma italiana incide en la conexión sensorial que sus clientes buscan en un superdeportivo —la respuesta del acelerador, el sonido de un V10 o V12, la gestión térmica de un motor de combustión— aspectos que los actuales trenes de potencia eléctricos no replican de forma satisfactoria todavía. De hecho, en segmentos de alto rendimiento la exigencia técnica es especialmente alta: se requieren baterías con densidades energéticas que superen los 300 Wh/kg, tiempos de recarga extremadamente rápidos y prestaciones que mantengan el carácter “emocional” del coche, sin comprometer autonomía ni durabilidad. Estas condiciones son difíciles de cumplir simultáneamente, incluso para fabricantes con recursos sustanciales .
Además, desde un punto de vista económico, los costes de desarrollo de una plataforma EV específica pueden ascender a varios miles de millones de euros cuando se consideran I+D, pruebas de durabilidad a alta velocidad, certificaciones y sistemas térmicos avanzados. En marcas de alto volumen, estos costes se amortizan con la producción masiva; no es así en firmas de nicho como Lamborghini, donde las tiradas de producción son más reducidas. Añadido a esto, hay preocupaciones sobre la retención del valor residual de los EV de lujo, que en algunos casos ha caído de forma significativa en el mercado de segunda mano, penalizando inversiones de capital considerables en tecnología que, por el momento, no parece atraer a los compradores tradicionales.
Lanzador: híbrido enchufable en lugar de eléctrico
El proyecto Lanzador había sido presentado inicialmente como un ambicioso coche eléctrico con una arquitectura de motor dual capaz de entregar más de 1.300 CV y con un diseño aerodinámico pensado para velocidades máximas que superan los 320 km/h, junto con una aceleración de 0 a 100 km/h prevista en torno a 2,5 segundos. Sin embargo, tras analizar los datos de mercado y consultar con distribuidores y clientes, Lamborghini concluyó que los EV de alto precio todavía no generan suficiente interés entre sus compradores habituales, a pesar de las exigencias medioambientales globales y los objetivos regulatorios de muchas regiones del mundo .
Este replanteamiento no significa que Lamborghini renuncie completamente a la electrificación. La transición hacia sistemas híbridos enchufables —que combinan un motor de combustión interna con uno o más motores eléctricos y una batería de capacidad moderada (típicamente entre 15 y 25 kWh en PHEV)**— ofrece ventajas operativas importantes. Desde un punto de vista técnico, un PHEV puede proporcionar par instantáneo eléctrico desde cero revoluciones, permitiendo aceleraciones potentes sin sacrificar autonomía. Además, se integra más fácilmente en plataformas existentes y reduce los desafíos asociados con el peso y la gestión térmica de baterías de alta capacidad. En otras palabras, los PHEV pueden ofrecer beneficios tangibles de electrificación sin comprometer la esencia de la marca.
El contexto del sector y la presión regulatoria
El movimiento de Lamborghini se enmarca en un contexto más amplio donde varias marcas de lujo están revisando sus objetivos de electrificación. Bentley, por ejemplo, ha comunicado que retrasa su electrificación completa hasta al menos 2035, y Aston Martin ha pospuesto también el lanzamiento de su primer modelo totalmente eléctrico hacia finales de esta década . Esto contrasta con segmentos más populares, donde los EV han visto un crecimiento sostenido; las matriculaciones globales de vehículos eléctricos crecieron un 20 % en 2025 hasta 20,7 millones, según algunos análisis del sector. Sin embargo, en el nicho del lujo, esa tendencia no se reproduce con la misma intensidad debido al perfil de cliente y a las expectativas asociadas al rendimiento y la experiencia de conducción .
La presión regulatoria también juega un papel relevante. En la Unión Europea, las normas que prohíben la venta de coches nuevos con motores de combustión interna a partir de 2035 están impulsando a los fabricantes a acelerar sus planes tecnológicos. No obstante, marcas como Lamborghini pueden beneficiarse de ciertas exenciones o esquemas de flexibilidad debido a su baja producción. Además, el debate sobre los combustibles sintéticos de baja huella continúa como una alternativa potencial para mantener motores tradicionales en funcionamiento dentro de límites de emisiones aceptables, aunque todavía se encuentra en fases tempranas de desarrollo técnico y económico.
Tecnologías en juego y retos a medio plazo
Desde una perspectiva más técnica, pasar de un coche con motor V12 aspirado a uno 100 % eléctrico implica varios desafíos complejos. Las baterías de alto rendimiento deben mantener densidades energéticas elevadas, pero al mismo tiempo gestionar de forma eficaz la disipación de calor a altas cargas, especialmente en uso exigente en circuito o conducción deportiva. El diseño de sistemas de refrigeración líquido para baterías que operan a temperaturas óptimas sin incurrir en penalizaciones de masa es un reto que todavía está siendo refinado en la industria. Por otra parte, el desarrollo de celdas de estado sólido, que prometen densidades superiores a 400 Wh/kg, sigue en fase de prototipo avanzado, sin implantación comercial masiva todavía.
Mientras tanto, tecnologías como la carga ultrarrápida (por encima de 350 kW) son clave para reducir los tiempos de parada en recorrido, pero aún requieren inversiones en infraestructura que no siempre están disponibles en regiones con menor densidad de estaciones de recarga rápida. Estos factores se combinan para hacer que los EV de alto rendimiento sean difíciles de posicionar comercialmente frente a sus equivalentes híbridos o de combustión, que combinan familiaridad y rendimiento sin las limitaciones actuales de la tecnología de baterías.
Un cambio estratégico con visión a largo plazo
La decisión de Lamborghini no es necesariamente una vuelta atrás. Más bien, puede interpretarse como una adaptación estratégica a las condiciones reales del mercado y las preferencias de sus clientes. Al optar por sistemas híbridos enchufables como paso intermedio, la marca italiana busca cumplir objetivos de reducción de emisiones y mantenerse competitiva, sin sacrificar lo que para sus compradores es insustituible: el carácter sonoro, la respuesta inmediata y la emoción de la conducción tradicional.
Esto no significa que Lamborghini renuncie para siempre a explorar trenes de potencia totalmente eléctricos. Al contrario, el CEO ha dejado la puerta abierta a reconsiderar esa opción cuando las condiciones tecnológicas, de infraestructura y de mercado se alineen de forma más favorable. Por ahora, sin embargo, el foco está en un balance híbrido que combine lo mejor de ambos mundos sin comprometer la identidad de una marca cuya historia se ha forjado en la búsqueda de prestaciones máximas.
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