La idea de llevar un enchufe de pared en la mochila ha pasado de ser una fantasía a un producto tangible que apunta directamente a quienes trabajan en movilidad, viajan con frecuencia o simplemente quieren una fuente de energía fiable lejos de casa. En los últimos meses han aparecido propuestas que combinan baterías externas con salida de corriente alterna, pero pocas se atreven a reducir el grosor hasta niveles casi de cuaderno fino sin renunciar a potencia real. El concepto que aquí analizamos gira en torno a un power bank con toma AC integrada capaz de alimentar pequeños electrodomésticos y cargar portátiles, todo ello en un formato sorprendentemente plano. Más allá del impacto visual, lo interesante está en cómo se resuelven las limitaciones técnicas habituales: disipación térmica, eficiencia del inversor y densidad energética. El resultado no es solo un accesorio llamativo, sino una pieza que refleja hacia dónde se dirige la electrónica de consumo portátil cuando se cruza con las necesidades del trabajo híbrido y la vida nómada.
Portabilidad eléctrica sin enchufes fijos
Durante años, las baterías externas se han asociado casi exclusivamente a puertos USB y a la carga de móviles o tablets. El salto a la corriente alterna ha sido más lento porque implica integrar un inversor capaz de transformar la energía almacenada en corriente continua en una salida estable de 110–230 V, con pérdidas inevitables. En este contexto aparece un dispositivo como Nomad, presentado como uno de los power banks AC más delgados del mercado, con un grosor de apenas 0,6 pulgadas, es decir, alrededor de 15 milímetros. Esta cifra no es trivial: obliga a utilizar celdas de alta densidad y un diseño interno extremadamente ajustado, donde cada milímetro cuenta para mantener rigidez estructural y seguridad eléctrica. A nivel técnico, hablamos de una batería con capacidad suficiente para entregar picos de potencia que superan los 100 W, un umbral mínimo para alimentar portátiles modernos o pequeños electrodomésticos de bajo consumo. El reto está en mantener la estabilidad del voltaje y limitar el calentamiento, algo que tradicionalmente exige carcasas más voluminosas.
El producto principal bajo la lupa
Nomad no se plantea solo como una batería, sino como un enchufe portátil. Integra una toma AC estándar junto a puertos USB-C pensados para carga rápida, lo que permite alimentar varios dispositivos de forma simultánea. Según los datos del proyecto, el inversor interno trabaja con una eficiencia superior al 85 %, una cifra razonable en un formato tan compacto, y la gestión térmica se apoya en disipadores planos distribuidos a lo largo del chasis. En términos de capacidad energética, se mueve en el rango de los 70–100 Wh, suficiente para cargar un portátil de 60 Wh una vez completa o mantener un router portátil funcionando durante varias horas. El grosor de 0,6 pulgadas no solo mejora la portabilidad, también condiciona el uso de materiales como aleaciones de aluminio para evitar deformaciones. El enfoque recuerda a otros conceptos mostrados en medios de diseño industrial, como el análisis publicado en Yanko Design sobre este tipo de power banks ultrafinos, donde se destaca cómo la reducción de espesor obliga a repensar la arquitectura interna del dispositivo.
De la idea al crowdfunding
El camino elegido para lanzar Nomad ha sido Kickstarter, una plataforma donde este tipo de propuestas híbridas suelen encontrar a su público. La campaña lo presenta como un “AC wall outlet you can take anywhere”, una definición sencilla pero efectiva que resume su ambición. Más allá del marketing, el interés técnico está en cómo se certifica un producto así para distintos mercados, ya que la salida AC implica cumplir normativas de seguridad eléctrica más estrictas que las de un simple cargador USB. El proyecto menciona protecciones contra sobrecarga, cortocircuito y sobretemperatura, además de un sistema de apagado automático si se supera un umbral de consumo continuo. Estas medidas no son opcionales: un inversor mal protegido puede degradar la batería rápidamente o incluso provocar fallos peligrosos. En la propia página de la campaña se detalla cómo el diseño busca equilibrar potencia y autonomía sin sacrificar seguridad, un aspecto clave para que este tipo de dispositivos llegue al mercado generalista.
Usos reales más allá del móvil
Uno de los puntos más interesantes de este tipo de power banks AC es su capacidad para alimentar dispositivos que tradicionalmente quedan fuera del alcance de una batería externa. Hablamos de pequeños ventiladores, lámparas, herramientas electrónicas o incluso electrodomésticos compactos de menos de 150 W. En un escenario de trabajo remoto, poder conectar un portátil y un monitor portátil sin depender de enchufes cambia la dinámica del espacio. Desde un punto de vista cuantitativo, una batería de 90 Wh con una eficiencia del 85 % ofrece alrededor de 76 Wh útiles en AC, lo que se traduce en aproximadamente una hora de funcionamiento para un equipo que consuma 70 W. No es una solución para largas jornadas sin red eléctrica, pero sí una extensión práctica de la autonomía. Este enfoque coincide con tendencias analizadas por medios tecnológicos anglosajones como The Verge, que en artículos sobre baterías portátiles con salida AC subraya el equilibrio entre tamaño, potencia y calor disipado, como se puede leer en https://www.theverge.com/tech/portable-power-stations-ac-outlet-explainer.
Diseño industrial y límites físicos
Reducir el grosor hasta 15 mm implica aceptar compromisos. La capacidad no puede crecer indefinidamente sin aumentar superficie, y la disipación térmica se vuelve crítica cuando se extraen decenas de vatios de forma continua. Nomad aborda este problema repartiendo los componentes de potencia en capas y utilizando el propio chasis como elemento pasivo de refrigeración. Desde un punto de vista de ingeniería, esto supone trabajar con densidades de potencia cercanas a 6–8 W por centímetro cúbico en el módulo del inversor, cifras elevadas para electrónica de consumo. La elección de celdas de polímero de litio frente a formatos cilíndricos tradicionales permite ganar flexibilidad en el diseño, aunque suele encarecer el producto final. Este tipo de decisiones explica por qué estos power banks no compiten en precio con modelos USB convencionales, sino en versatilidad y formato.
Reflexiones adicionales
La aparición de baterías externas con enchufe integrado marca una evolución lógica en un contexto donde la movilidad ya no se limita al smartphone. Sin caer en exageraciones, dispositivos como Nomad muestran que la frontera entre cargador y toma de corriente se difumina. No sustituyen a una instalación eléctrica ni a una estación de energía de gran capacidad, pero cubren un hueco muy concreto: ofrecer corriente alterna puntual en un formato que cabe en una mochila fina. El éxito de estas propuestas dependerá de su fiabilidad a largo plazo, de cómo envejece la batería tras cientos de ciclos y de si el mercado acepta pagar más por esta flexibilidad. También plantea preguntas sobre sostenibilidad y reciclaje, ya que integrar inversores complejos en dispositivos tan compactos dificulta reparaciones. Aun así, para muchos usuarios, la posibilidad de llevar un enchufe portátil de apenas 0,6 pulgadas de grosor es una respuesta directa a una necesidad cotidiana que hasta ahora se resolvía con soluciones más voluminosas o menos elegantes.
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