Investigaciones recientes han demostrado que plantas y animales emiten un resplandor extremadamente tenue ligado a sus procesos vitales, una luz invisible al ojo humano que desaparece tras la muerte. Este fenómeno, conocido como emisión ultradébil de fotones, no tiene relación con lo místico, pero conecta de forma sorprendente con antiguas intuiciones culturales sobre el aura, la “luz de la vida”, hoy reinterpretadas desde la ciencia.
Una luz invisible presente en todos los seres vivos
Durante siglos, la idea de que los seres vivos emiten algún tipo de luz ha estado presente tanto en la filosofía como en diversas tradiciones culturales. Sin embargo, solo recientemente la ciencia ha logrado demostrarlo de forma empírica. Un estudio divulgado por The Brighter Side of News explica que plantas, animales e incluso seres humanos emiten una radiación extremadamente débil, imperceptible para nuestros sentidos, pero medible con instrumentación científica avanzada.
Esta luz no debe confundirse con la bioluminiscencia clásica, como la que producen las luciérnagas o ciertos organismos marinos, un fenómeno bien documentado en estudios sobre bioluminiscencia.En el caso que nos ocupa, se trata de un resplandor mucho más sutil y universal, presente en prácticamente todos los organismos vivos.
La denominada emisión ultradébil de fotones (UPE) es consecuencia directa de reacciones químicas internas que ocurren de forma constante en las células. Está relacionada con la actividad metabólica y con la generación de especies reactivas de oxígeno, subproductos inevitables de procesos como la respiración celular. Al volver a estados energéticos más bajos, estas moléculas liberan pequeñas cantidades de energía en forma de fotones.
Experimentos que confirman el vínculo entre vida y emisión de fotones
Para observar este fenómeno, los investigadores utilizaron cámaras extremadamente sensibles, capaces de detectar fotones individuales en condiciones de oscuridad total. En los experimentos realizados con ratones, descritos en detalle en The Brighter Side of News, se registraron diferencias claras entre la emisión de luz antes y después de la muerte, manteniendo constantes factores como la temperatura corporal.
Este detalle es crucial, ya que descarta que el resplandor tenga un origen térmico y confirma su relación directa con la actividad biológica. Resultados similares han sido recogidos por otros medios de divulgación científica, como Deutsche Welle, donde se subraya que la luz desaparece cuando cesan los procesos metabólicos.
Las plantas ofrecieron resultados igualmente reveladores. Las hojas sanas emitían una señal tenue y estable, mientras que las zonas dañadas o sometidas a estrés físico mostraban un aumento notable de la emisión de fotones. Este aspecto ha sido destacado también en análisis divulgativos publicados por
La República, donde se apuntan posibles aplicaciones prácticas del hallazgo.
De la intuición espiritual a la explicación científica
La idea de un resplandor asociado a la vida no resulta extraña para muchas generaciones. Mucho antes de que la tecnología permitiera medir la emisión ultradébil de fotones, autores como T. Lobsang Rampa popularizaron conceptos similares desde una perspectiva espiritual. En libros como El Tercer Ojo,
leídos por muchos en nuestra juventud, se hablaba de un supuesto “aura” luminosa que rodearía a las personas y reflejaría su estado físico y emocional.
Aunque hoy se sabe que estas afirmaciones carecían de base científica y que el propio autor fue objeto de controversia, resulta llamativo comprobar cómo aquellas ideas —entonces consideradas místicas— encuentran un paralelismo conceptual con los descubrimientos actuales. La diferencia es esencial: la ciencia moderna no habla de percepción extrasensorial ni de campos energéticos espirituales, sino de procesos físico-químicos medibles mediante instrumentación avanzada.
Este contraste ilustra cómo ciertas intuiciones culturales pueden anticipar preguntas que la ciencia tarda décadas en abordar con rigor. Lo que antes se interpretaba como “ver la energía vital” hoy se traduce en metabolismo celular, especies reactivas de oxígeno y fotones detectados por sensores de alta precisión.
Implicaciones futuras para la biología y la medicina
Más allá de su interés conceptual, la emisión ultradébil de fotones podría tener aplicaciones prácticas relevantes. Al estar directamente ligada al metabolismo celular, su medición podría convertirse en una herramienta no invasiva para evaluar el estado de tejidos vivos. En medicina, esto abre la puerta a nuevos métodos de diagnóstico temprano, capaces de detectar estrés celular o daño tisular antes de que aparezcan síntomas clínicos evidentes.
En biología vegetal y agricultura, esta tecnología permitiría monitorizar la salud de los cultivos en tiempo real, identificando enfermedades o condiciones adversas de forma precoz, un aspecto que ya se empieza a explorar según recogen diversos medios científicos.
Conclusión
El descubrimiento de que todos los seres vivos emiten una luz ultradébil que se extingue con la muerte redefine nuestra comprensión de la vida desde un punto de vista físico. Este resplandor, lejos de interpretaciones esotéricas, es una consecuencia directa de la actividad metabólica celular. Sin embargo, su existencia conecta de forma sugerente la ciencia contemporánea con antiguas intuiciones culturales sobre el aura, la “luz de la vida”, como las que popularizó T. Lobsang Rampa en El Tercer Ojo.
Hoy, gracias a la tecnología, esa idea adquiere una base empírica sólida y abre nuevas vías de investigación en biología, medicina y agricultura.
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