El ROOF Djagger es un prototipo de casco integral para moto que desmonta el diseño tradicional: ya no hay correa de barbilla. En su lugar, una ingeniosa apertura occipital permite colocarlo deslizando la cabeza desde el frontal y cerrarlo por la nuca, lo que facilita ponerse o quitarse el casco incluso con guantes o gafas. Además, promete mejor ajuste, mayor confort acústico y una posible visera fotocromática con tratamiento antivaho. Si consigue la homologación europea (ECE 22.06) y demuestra su fiabilidad estructural, podría suponer un giro serio en ergonomía y seguridad para motoristas.
Una nueva aproximación al casco integral
Hasta ahora, la mayoría de los cascos integrales mantienen un esquema muy similar al original: calota rígida, cierre con correa bajo la barbilla, y un paso de cabeza a través de una apertura superior o frontal. El Djagger rompe con esa tradición. En lugar de abrirse desde abajo, su parte trasera se separa mediante un mecanismo de bisagras: la calota trasera se abre lateralmente, se desplaza hacia atrás y finalmente se levanta, dejando un hueco amplio para introducir la cabeza.
El resultado: ponerse el casco como si fuera un casco jet (deslizándolo de frente sobre el rostro), pero con la protección de un integral. Según la marca, esto tiene ventajas claras para quienes usan gafas o gafas de sol: no es necesario quitarlas, ya que el casco “cae” sobre la cara en lugar de deslizarse por encima de la cabeza.
Desde un punto de vista técnico, este sistema reduce los puntos de presión típicos de una correa bajo la barbilla, distribuyendo la sujeción de forma más uniforme mediante un collarín ergonómico que rodea el cuello. Esa sujeción alternativa —sin correa tradicional— podría mejorar el confort, especialmente en trayectos largos, y reducir molestias en la zona mandibular y de la barbilla.
Además, el diseño parece ofrecer mejor aislamiento acústico y mejor ajuste general, según los primeros comentarios tras su presentación.
Seguridad, comodidad y retos técnicos
Una de las ventajas más interesantes desde el punto de vista de la seguridad pasiva es cómo facilita la intervención en caso de accidente. Al abrirse por detrás, los servicios sanitarios podrían retirar el casco sin girar el cuello del piloto, reduciendo el riesgo de tensiones cervicales.
Además, ROOF planea dotar al Djagger de detalles de gama alta: una visera fotocromática que se ajusta automáticamente a la luz ambiental y una lámina antivaho tipo Pinlock. Esto aportaría visibilidad óptima en condiciones cambiantes de luz y buenas prestaciones en lluvia o frío.
Pero claro, un diseño tan novedoso no está exento de retos. Para que el Djagger pueda comercializarse legalmente en Europa, debe superar la homologación obligatoria ECE 22.06, la más exigente actualmente. Esa prueba debe evaluar resistencia a impactos, retención, rigidez estructural, confort térmico, ventilación, etc.
Asimismo, el mecanismo articulado —con múltiples piezas móviles— plantea dudas sobre su durabilidad a largo plazo. Si se debilita con el uso o el tiempo, podría comprometer la integridad del casco. Además, añadir más componentes móviles implica potencialmente más puntos de fallo. Algunos críticos ya se preguntan si la bisagra será fiable, si requerirá mantenimiento o recarga eléctrica (si es automatizada) y cómo resistirá los impactos, especialmente los laterales.
El Djagger en el contexto del mercado actual
Aunque el Djagger es un prototipo, su aparición en la feria EICMA 2025 ha generado sorpresa. Algunas voces ya comparan su concepto con el de cascos anteriores —como los de la desaparecida marca Vozz, que en 2017 lanzó un casco similar sin correa—, pero los resultados entonces fueron modestos, y el modelo terminó desapareciendo del mercado.
No obstante, a diferencia de aquel intento pasado, ROOF parece apoyarse en décadas de experiencia, en desarrollo técnico y en un mercado que hoy demanda más comodidad y mejores prestaciones. Además, integrar visera fotocromática, tratamiento antivaho, ajuste ergonómico y buen aislamiento acústico lo sitúa como un producto de gama alta orientado a motoristas que buscan una combinación de confort, seguridad y practicidad.
Si el Djagger logra homologarse y mantener fiabilidad, podría abrir camino a una nueva generación de cascos integrales pensados no sólo para la seguridad máxima, sino también para la vida real del motorista: ponerlos y quitarlos con facilidad, incluso con guantes o gafas, y con menos molestias de ajuste.
Reflexiones finales
El ROOF Djagger representa mucho más que un cambio estético: propone repensar la manera en que nos equipamos para montar en moto. Si logra superar las barreras técnicas —certificación, durabilidad de su mecanismo, aceptación por parte del público—, podría marcar una tendencia de cascos integrales más cómodos, seguros y pensados para el uso diario.
Sin embargo, ese “podría” es clave: hasta que no haya un modelo final homologado, con pruebas reales en carretera y evaluación del desgaste, sigue siendo una promesa. Pero al menos es una promesa ambiciosa, con argumentos técnicos sólidos, que demuestra que todavía se puede innovar en un producto tan clásico como el casco de moto.
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