El Congreso de Estados Unidos ha reabierto un debate inesperado: la obligatoriedad de mantener la radio AM en los coches nuevos, incluidos los eléctricos. Lo que a simple vista podría parecer un detalle menor encierra cuestiones técnicas, regulatorias y políticas de mayor calado. Mientras los fabricantes buscan eliminarla debido a interferencias y a la pérdida de relevancia entre consumidores jóvenes, los legisladores insisten en su valor como herramienta gratuita de comunicación en emergencias. Este artículo examina por qué la AM está en el centro de la discusión, qué desafíos técnicos plantea en los vehículos eléctricos y cuáles pueden ser las implicaciones para el futuro del automóvil y las infraestructuras de alerta en EE.UU.
AM en el coche: un servicio en retirada
La presencia de la radio AM en automóviles ha sido tradicional durante décadas, pero los datos muestran una tendencia clara: cada vez más modelos nuevos la eliminan. Según la National Association of Broadcasters, más de 82 millones de estadounidenses aún escuchan AM al menos una vez al mes, aunque la cifra se concentra en segmentos de población de más edad. Entre los menores de 35 años, la preferencia por AM cae a menos del 10 %, lo que refleja un cambio generacional evidente en el consumo de información.
En los coches eléctricos, el abandono es aún más rápido. Marcas como Tesla, BMW, Audi o Ford han anunciado la retirada de receptores AM en varios de sus modelos eléctricos, alegando problemas técnicos que comprometen la calidad de la señal. Esto ha creado un desfase generacional: mientras los conductores mayores siguen valorando el acceso inmediato a noticias y alertas locales por AM, los usuarios más jóvenes dependen de aplicaciones móviles, servicios de streaming y notificaciones push en sus teléfonos.
Interferencia electromagnética en los EV
La razón técnica más citada por los fabricantes es la interferencia electromagnética. Los motores eléctricos, junto con los inversores de corriente y sistemas de carga, generan un espectro amplio de ruido eléctrico que afecta directamente a la banda de amplitud modulada, que opera entre 530 y 1700 kHz. En términos técnicos, los pulsos de alta frecuencia de los sistemas de tracción producen emisiones electromagnéticas que enmascaran o distorsionan las señales de AM.
La reducción de esa interferencia requiere blindajes electromagnéticos, filtros adicionales y diseños de cableado más complejos, lo que incrementa los costes de producción. Algunos estudios estiman que implementar contramedidas eficaces en un vehículo eléctrico medio puede suponer entre 35 y 50 dólares adicionales por unidad. Aunque esta cifra pueda parecer baja, los fabricantes argumentan que resulta injustificada frente a la escasa demanda real de consumidores que aún usan AM de forma habitual.
El argumento regulatorio: comunicación en emergencias
Para los legisladores, la clave no es el entretenimiento, sino el uso de AM como canal de alertas públicas. El sistema estadounidense de Emergency Alert System (EAS) depende en gran medida de la infraestructura AM, que tiene ventajas notables frente a otras tecnologías. La capacidad de cobertura es mucho mayor que la de FM, ya que una sola antena AM de alta potencia puede cubrir cientos de kilómetros. Además, las ondas AM son más robustas porque se propagan por reflexión ionosférica, lo que permite llegar a áreas rurales o montañosas con poca infraestructura.
El factor económico también pesa: escuchar AM no requiere datos móviles, conexión a internet ni suscripciones. Analistas de S&P AutoIntelligence recuerdan que, aunque en 2015 se aprobó el Integrated Public Alert and Warning System Modernization Act, el país nunca implementó un sistema alternativo plenamente operativo y uniforme. Por eso, retirar AM de los vehículos podría dejar lagunas críticas en la cobertura de emergencias. En un informe de The Drive se subraya precisamente que esta utilidad, más que el interés del consumidor, es lo que explica la presión legislativa.
Un debate con trasfondo político
Que el Congreso, con mayoría republicana, impulse una medida regulatoria para imponer AM resulta llamativo. Ese mismo bloque político suele mostrarse contrario a nuevas normativas en la industria del automóvil, especialmente en lo relacionado con la electrificación. Según Axios, la Cámara de Representantes aprobó recientemente un proyecto de ley para garantizar que todos los vehículos nuevos, incluidos los eléctricos, mantengan el receptor AM.
Para algunos analistas, el apoyo a la radio AM no solo responde a la seguridad pública, sino también a un gesto simbólico contra la narrativa de que los coches eléctricos representan el único futuro posible. Defender AM sería, en este sentido, una forma de marcar distancias con un sector tecnológico percibido como elitista o urbano. La paradoja es que, mientras se protege la continuidad de una tecnología centenaria, otras regulaciones de mayor impacto en seguridad vial o medioambiental se encuentran bloqueadas o en revisión.
La brecha generacional
El acceso a la información durante emergencias es un tema con matices generacionales. Los conductores de mayor edad, menos familiarizados con apps móviles, siguen confiando en la radio como canal principal. Para ellos, perder AM significa depender de tecnologías que quizás no manejan con soltura. Por el contrario, los conductores de vehículos eléctricos tienen un perfil más joven y tecnológico. Según datos de la consultora Edmunds, la edad media del comprador de un coche eléctrico en EE.UU. es de 38 años, frente a los 47 de un comprador de vehículo con motor de combustión.
En ese segmento, el uso de smartphones como herramienta principal de información roza el 95 %. El dilema regulatorio se resume en una pregunta: ¿deben diseñarse los sistemas de comunicación de emergencia pensando en la media de la población, o en los grupos más vulnerables que podrían quedar desatendidos?
Alternativas técnicas y sistemas híbridos
Algunos fabricantes han propuesto sustituir AM por aplicaciones oficiales de emergencia que retransmitan alertas a través de datos celulares. Otros recomiendan la integración con FM y DAB, que replican señales de AM en bandas más modernas, o incluso con conectividad satelital mediante sistemas como SiriusXM o Starlink. Sin embargo, ninguna de estas opciones está libre de limitaciones. Las aplicaciones requieren conexión de datos, FM y DAB no ofrecen el mismo alcance y los satélites implican costes adicionales para el usuario. Por ello, desde la perspectiva de muchos reguladores, AM sigue siendo una pieza esencial, al menos durante una fase de transición.
Coste-beneficio para la industria
Desde el punto de vista económico, el coste de mantener AM en los coches eléctricos es bajo comparado con otros desarrollos. Implementar soluciones de filtrado o rediseñar receptores puede suponer menos de un 0,1 % del coste total de producción de un vehículo eléctrico. Sin embargo, en una industria con márgenes ajustados, cada dólar cuenta. Además, las marcas buscan simplificar sus sistemas multimedia para favorecer la integración con servicios digitales de suscripción, que generan ingresos recurrentes. AM, en cambio, no reporta beneficios directos a los fabricantes, lo que refuerza la voluntad de eliminarla.
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