Los neumáticos y pastillas de freno no solo desgastan las carreteras: generan partículas tóxicas que contaminan ríos, lagos, aire y salud, con consecuencias ecológicas graves. El desgaste de neumáticos libera más de 2.400 compuestos, incluidos metales pesados y aditivos como el 6‑PPD, que forman toxinas mortales para especies acuáticas como el salmón. Las pastillas de freno, por su parte, emiten entre el 16 % y el 55 % de las PM10 del tráfico, generando unas 9.000 toneladas anuales de partículas finas solo en Europa. Además, los coches eléctricos, más pesados, agravan el problema tanto por neumáticos como por frenos .
Neumáticos: microplásticos tóxicos en los cursos de agua
Cada año, millones de toneladas de partículas procedentes del desgaste de neumáticos terminan en ecosistemas acuáticos. Estos microplásticos —que representan entre el 50 % y el 90 % de los que escurren por lluvia— contienen hasta 2.456 compuestos distintos, de los cuales al menos 144 lixivian sustancias tóxicas . Entre ellas destacan metales pesados como cadmio, plomo y zinc, junto a aditivos como el ftalato de dibutilo y 6‑PPD. Este último, al reaccionar con ozono, se transforma en 6‑PPD‑quinona, una sustancia altamente tóxica que ha causado la muerte masiva de salmones coho en regiones de EE.UU.
Las concentraciones detectadas en agua varían entre 0,00001 mg/L y 10 mg/L, suficientes para alterar el comportamiento, la reproducción y la supervivencia de organismos acuáticos. A nivel ecosistémico, esto impacta los ciclos del carbono y nitrógeno al modificar redes tróficas y reducir biodiversidad
Frenos: polvo invisible, peligro evidente
Las pastillas y discos de freno son una fuente importante de partículas PM10. En Europa, generan hasta 20.000 toneladas de polvo cada año, de las cuales 9.000 toneladas son partículas en suspensión . La fricción entre metal y compuesto produce entre el 16 % y el 55 % del total de partículas relacionadas con el tráfico .
Estas micropartículas —con un tamaño inferior a 10 µm— no solo contaminan el aire, sino que depositadas en suelos y escorrentías contaminan también el agua que llega a ríos y acuíferos. Además, contienen metales como cobre, hierro o resina fenólica, con posibles efectos tóxicos y carcinógenos .
El peso del vehículo: clave en desgaste y contaminación
Los coches eléctricos suelen pesar entre un 20 % y 30 % más que los térmicos debido a las baterías . Este mayor peso implica una mayor abrasión tanto de neumáticos como de frenos, aumentando la emisión de partículas contaminantes. En el sur de California se detectó que el desgaste de neumáticos y frenos representaba un 30 % de las PM2.5 frente al 19 % del escape KFF Health News. Se estima que los vehículos eléctricos emiten un 20 % más de partículas de neumáticos que los de gasolina .
Este fenómeno plantea un dilema: aunque los eléctricos reducen emisiones indirectas, su impacto local sobre aire y agua puede incrementarse si su masa no se compensa mediante mejoras en freno, neumático o infraestructura.
Estrategias de mitigación: soluciones sobre la mesa
Para frenar esta contaminación, se estudian varias opciones:
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Neumáticos alternativos: desarrollo de compuestos con menos aditivos tóxicos y menor abrasión.
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Regulación del 6‑PPD: California ha calificado neumáticos que lo contienen como “producto prioritario” y exige eliminarlo o sustituirlo .
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Jardines de lluvia y biofiltración: estas estructuras pueden retener hasta el 100 % del caucho y el 90 % del 6‑PPD‑quinona .
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Mejora en frenos: recubrimientos como el carburo de tungsteno reducen hasta en un 90 % las emisiones de polvo de freno.. Sistemas de captura tipo filtro también están en desarrollo .
Conclusión
La abrasión de neumáticos y frenos representa una amenaza silente para ecosistemas y salud, con contaminación de aire y agua. El aumento del peso de los vehículos eléctricos intensifica este reto. Se precisa una acción coordinada: normativas que restrinjan aditivos químicos, impulso a tecnologías limpias y estructuras urbanas que filtren escorrentías. Solo así podremos avanzar hacia una movilidad sostenible sin envenenar el entorno.
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