La constelación Starlink se ha convertido en uno de los proyectos espaciales más visibles —y también más discutidos— de los últimos años. Miles de satélites en órbita baja terrestre cruzan el cielo cada noche mientras proporcionan acceso a Internet a zonas donde antes era inviable. Saber cuántos de estos satélites están activos en un momento dado no es solo una curiosidad astronómica: también es una cuestión técnica, regulatoria y medioambiental. A partir de datos recientes y herramientas de seguimiento en tiempo real, este artículo analiza cuántos satélites Starlink están actualmente en órbita, cómo se distribuyen, qué tecnología emplean y qué implicaciones tiene esta densidad sin precedentes en el espacio cercano a la Tierra. Además, se dedica un apartado específico al propio sistema Starlink como producto comercial, con cifras concretas sobre rendimiento, latencia y arquitectura de red.
Cuántos satélites Starlink hay realmente en el cielo
Según datos recopilados a comienzos de 2026, Starlink cuenta con más de 9.600 satélites lanzados, de los cuales alrededor de 8.500 se encuentran operativos en órbita baja terrestre. La diferencia entre ambas cifras se explica porque algunos satélites aún están en fase de subida orbital, otros han sido retirados de servicio y un porcentaje reducido ha reentrado de forma controlada en la atmósfera. Esta información se puede consultar y actualizar casi en tiempo real mediante herramientas de seguimiento orbital como las citadas en PCMag.
Desde un punto de vista técnico, estos satélites se distribuyen en varias capas orbitales entre 480 y 550 kilómetros de altitud, con inclinaciones que van desde los 53 hasta los 97 grados. Esto permite una cobertura prácticamente global, incluidos territorios cercanos a los polos. A esa altitud, cada satélite completa una órbita alrededor de la Tierra en aproximadamente 95 minutos, desplazándose a una velocidad cercana a 7,6 km/s.
Si se analiza la densidad orbital, en determinadas franjas horarias pueden coincidir decenas de satélites Starlink visibles desde un mismo punto del planeta, aunque no todos son perceptibles a simple vista. Este fenómeno es especialmente notable tras los lanzamientos recientes, cuando los satélites aún vuelan en formaciones compactas antes de dispersarse hacia sus órbitas definitivas.
Herramientas para saber cuántos pasan sobre tu cabeza
Una de las claves del interés actual por Starlink es que cualquier persona puede comprobar cuántos satélites están pasando sobre su ubicación en un momento concreto. Existen plataformas que combinan datos TLE (Two-Line Elements) con modelos de propagación orbital para ofrecer visualizaciones precisas. Un ejemplo es la base de datos pública de Wikipedia sobre Starlink.
Además, aplicaciones de seguimiento como las basadas en datos de Space-Track permiten calcular no solo la posición actual, sino también las pasadas futuras con un margen de error de apenas unos segundos. Desde el punto de vista computacional, estos cálculos implican resolver ecuaciones de mecánica orbital teniendo en cuenta perturbaciones gravitatorias, arrastre atmosférico y maniobras activas de los propios satélites.
Este seguimiento no es solo una herramienta divulgativa. Los operadores de Starlink realizan miles de maniobras de evitación de colisiones cada año, utilizando propulsión eléctrica de efecto Hall. Cada corrección orbital puede modificar la velocidad del satélite en apenas unos centímetros por segundo, pero es suficiente para evitar encuentros peligrosos con otros objetos en LEO.
Starlink como producto: arquitectura y prestaciones
Más allá del número de satélites, Starlink es un producto comercial con especificaciones técnicas bastante definidas. Cada satélite de segunda generación tiene una masa aproximada de 800 kg, incorpora antenas de tipo phased array y enlaces ópticos inter-satélite capaces de transmitir datos a velocidades de varios gigabits por segundo sin necesidad de pasar por estaciones terrestres intermedias.
Para el usuario final, esto se traduce en velocidades de descarga que suelen situarse entre 100 y 200 Mbps, con latencias medias de 20 a 40 milisegundos, cifras comparables a muchas conexiones de fibra en entornos rurales. La baja latencia es posible precisamente gracias a la altitud reducida de los satélites frente a los sistemas geoestacionarios tradicionales, que operan a unos 36.000 km.
El sistema completo está diseñado para una vida útil de alrededor de 5 años por satélite, tras los cuales se inicia una reentrada controlada. Este enfoque pretende limitar la acumulación de basura espacial, aunque la tasa de lanzamientos —con misiones que añaden hasta 30 satélites de una sola vez— mantiene un debate abierto sobre la sostenibilidad a largo plazo.
Impacto en el entorno espacial y científico
El crecimiento de Starlink ha generado preocupaciones legítimas en ámbitos como la astronomía y la radioastronomía. Estudios recientes han detectado emisiones electromagnéticas no intencionadas en bandas sensibles, lo que puede interferir con observaciones científicas.
Desde el punto de vista orbital, Starlink representa ya más del 60 % de los satélites activos en órbita baja, una proporción sin precedentes. La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos ha aprobado nuevas ampliaciones del sistema, como recoge Reuters.
Esto implica que, aunque el sistema esté altamente automatizado, la coordinación internacional y el intercambio de datos orbitales serán cada vez más críticos para evitar incidentes en un espacio cada vez más congestionado.
Reflexiones finales
Saber cuántos satélites Starlink te sobrevuelan ahora mismo es solo la punta del iceberg de un sistema técnico extremadamente complejo. Con miles de unidades operando de forma coordinada, Starlink ha demostrado que las constelaciones masivas en órbita baja son viables desde el punto de vista tecnológico y comercial. Al mismo tiempo, plantea desafíos muy concretos en términos de gestión del espacio, impacto científico y regulación internacional.
La evolución de este tipo de redes determinará en gran medida cómo se utiliza la órbita baja terrestre durante las próximas décadas, y si el equilibrio entre conectividad global y sostenibilidad espacial es realmente alcanzable.
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