La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad neuroinmunológica que afecta a millones de personas en todo el mundo. Hasta ahora, los focos de investigación se habían centrado principalmente en factores genéticos, virales —como el virus de Epstein-Barr— o en la deficiencia de vitamina D, y más recientemente en la microbiota intestinal.

Sin embargo, un estudio reciente ofrece un nuevo ángulo: la relación entre el microbioma oral —la comunidad de microorganismos que habita en la boca— y la forma recurrente-remitente de la EM (RRMS, por sus siglas en inglés).

El artículo, titulado “Multiple sclerosis patients exhibit oral dysbiosis with decreased early colonizers and lower hypotaurine level”, revela mediante técnicas de secuenciación metagenómica y metabolómica que las personas con RRMS muestran alteraciones significativas tanto en su microbioma oral como en el perfil salivar de metabolitos.

Cambios específicos en el microbioma oral de pacientes con EM

El estudio, disponible en Nature, partió de una cohorte de 50 personas con RRMS frente a 50 controles sanos. Tras realizar análisis de diversidad, los investigadores observaron que la diversidad alfa (medida por el índice Shannon) era significativamente mayor en los controles que en los pacientes (p = 0,014), mientras que la diversidad beta mostró un agrupamiento claramente distinto entre ambos grupos (p = 0,004 con Weighted UniFrac; p = 1×10-4 con distancia Aitchison).

Los resultados identificaron 96 especies bacterianas alteradas en los pacientes con RRMS respecto a los controles: 46 especies estaban enriquecidas y 50 presentaban menor abundancia. Entre estas últimas destacan varias del género Streptococcus (28 especies) y Actinomyces (13 especies), ambas reducidas en los pacientes. Por el contrario, aumentaron bacterias Gram-negativas con potencial patógeno, como Fusobacterium nucleatum o Porphyromonas gingivalis.

Desde un punto de vista funcional, se observaron alteraciones en varias vías metabólicas, incluyendo la “DETOX1-PWY” (degradación de radicales superóxido), reducida en los pacientes, y la “PWY-5354” (síntesis del cofactor de molibdeno), relacionada con la conversión de taurina a hipotaurina, también disminuida en el grupo RRMS. Estos hallazgos apuntan a una disfunción no solo composicional, sino también funcional en el ecosistema oral de estos pacientes.

Perfil del metaboloma salivar y su posible valor como biomarcador

El estudio, detallado en Nature npj Biofilms and Microbiomes, analizó además el metaboloma salivar mediante cromatografía y espectrometría de masas. Se identificaron 964 metabolitos, de los cuales 775 estaban caracterizados.

En el análisis supervisado OPLS-DA, el modelo alcanzó una varianza explicada (R²) de 0,91, aunque con un Q² de 0,455, lo que indica cierto riesgo de sobreajuste. En el análisis no supervisado (PCA), la separación entre grupos fue menos clara (p = 0,051), por lo que los autores advierten que los resultados deben interpretarse con cautela.

A nivel individual, se detectaron cinco metabolitos significativamente más bajos en los pacientes (entre ellos, hipotaurina, sulfato de laurilo, fucosa, 3-hidroxiisobutirato y 2,3-dihidroxisivalerato) y nueve metabolitos elevados (como ribosa-1-fosfato, nicotinamida, guanosina o citidina) en comparación con los controles.

De todos ellos, la hipotaurina destacó por su relación con la biosíntesis de la taurina, un aminoácido clave en la protección neural y la regeneración de la mielina. Mediante un análisis de clasificación con Random Forest de 4.000 árboles, el modelo alcanzó un error fuera de bolsa (OOB) del 25,33 %. En pruebas de predicción, acertó en un 67 % de los controles y un 89 % de los pacientes con RRMS. Esto sitúa la hipotaurina como posible biomarcador salivar no invasivo para la EM.

Interpretación de los resultados y su significado en la EM

La menor abundancia de Streptococcus y Actinomyces sugiere una pérdida de bacterias “beneficiosas” que mantienen la salud oral. Estas especies suelen ser colonizadoras tempranas, responsables de estabilizar el ecosistema bucal. Su desplazamiento por bacterias Gram-negativas proinflamatorias —como Fusobacterium nucleatum— puede favorecer una respuesta inmunitaria sistémica desregulada.

Asimismo, la reducción de la vía DETOX1-PWY implica un déficit en la capacidad de neutralizar el estrés oxidativo en la cavidad oral, mientras que la disminución de la vía PWY-5354, vinculada a la síntesis de taurina e hipotaurina, puede tener consecuencias neurológicas directas.

Estudios in vitro previos han demostrado que la taurina favorece la remielinización de las células oligodendrocíticas, lo que refuerza la relevancia de estos hallazgos. En términos metodológicos, los investigadores utilizaron secuenciación metagenómica de tipo shotgun, con más de 249 especies identificadas tras filtrado, y análisis del metaboloma mapeando rutas metabólicas como el ciclo TCA, la glicólisis y la degradación del estireno.

Hacia aplicaciones clínicas: biomarcadores y nuevas terapias

La investigación abre la puerta al uso de la saliva como herramienta diagnóstica complementaria para la EM. La detección de hipotaurina y otras alteraciones metabólicas podría integrarse en análisis no invasivos para diagnóstico precoz o seguimiento de tratamientos.

En el ámbito terapéutico, la modulación del microbioma oral surge como una línea prometedora. Intervenciones como probióticos específicos, terapias restauradoras de microbiota o mejoras de la higiene bucal podrían contribuir a restablecer el equilibrio bacteriano.

Además, la vía de la taurina-hipotaurina podría explorarse farmacológicamente. Dado que la taurina interviene en la protección neuronal y la integridad de la mielina, los autores proponen evaluar su suplementación como terapia adyuvante. Aunque aún se trata de una hipótesis, constituye una base sólida para ensayos clínicos futuros.

Limitaciones y próximos pasos en la investigación

Los autores reconocen limitaciones importantes: no se realizó una evaluación clínica periodontal completa de los participantes, por lo que no es posible descartar la influencia de enfermedades periodontales en los resultados.

El estudio, de carácter transversal, no permite establecer causalidad: no se sabe si la disbiosis oral contribuye a la aparición de la EM o si es consecuencia de la enfermedad o de su tratamiento.

Asimismo, aunque se ajustaron variables como el IMC, el sexo, el hábito tabáquico y el uso de medicación, los autores advierten que se necesitan estudios longitudinales y multicéntricos que incluyan mayor diversidad geográfica y étnica.

Puedes consultar el estudio completo en Nature npj Biofilms and Microbiomes.

Reflexión final

El hallazgo de que las personas con EM presenten una alteración del microbioma oral —con pérdida de colonizadores tempranos, incremento de especies proinflamatorias y una reducción de metabolitos como la hipotaurina— abre una nueva dimensión en la comprensión de la enfermedad.

El estudio combina más de 900 metabolitos identificados, secuenciación con más de 699.000 lecturas por muestra y modelos de machine learning con un 25 % de error de bolsa, lo que otorga gran robustez a los resultados.

Aunque queda por determinar si estos cambios tienen un papel causal, el trabajo sugiere que la salud oral está estrechamente vinculada a la salud neurológica. En el futuro, la monitorización del microbioma oral podría formar parte de las estrategias preventivas y terapéuticas en enfermedades neuroinmunológicas como la esclerosis múltiple.

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