Un reciente estudio sugiere que algunas ratas topo desnudas (Heterocephalus glaber) nacen predispuestas a tareas específicas dentro de su colonia, como encargarse de las “toilets” o restos. Empleando un sistema de seguimiento por RFID durante un mes en cinco poblaciones, los investigadores identificaron que el 95 % de los individuos mantenía el mismo rol asignado durante todo el periodo. El comportamiento social de estos mamíferos eusociales se revela más complejo, con especialización de tareas que antes no se había documentado con claridad. Este descubrimiento abre nuevas preguntas sobre cómo se determinan los roles, si por edad, genética o ambiente, y cómo esa división de tareas contribuye al funcionamiento óptimo de la colonia.
Socialidad extendida y especialización de roles
Las ratas topo desnudas son uno de los pocos mamíferos que muestran un sistema social de tipo eusocial, un nivel de organización extremadamente cooperativo que se observa sobre todo en insectos como las abejas, las hormigas o las termitas. En las especies eusociales, la sociedad se estructura jerárquicamente en castas con división reproductiva del trabajo: una o pocas hembras se encargan de la reproducción, mientras que el resto de los individuos —en su mayoría estériles— se dedican a mantener la colonia, buscar alimento o cuidar a las crías. Esta forma de vida se caracteriza por la cooperación intergeneracional y una comunicación sofisticada entre miembros, y solo unos pocos mamíferos, como la rata topo desnuda y la rata topo de Damaraland, la presentan.
En ese sistema, solo una hembra (la reina) y algunos machos se reproducen, mientras el resto actúa como trabajadores estériles. Hasta ahora se sabía que estas “obreras” podían excavar túneles, buscar alimento o cuidar crías, pero no estaba claro si las funciones laborales eran intercambiables.
Un nuevo estudio, publicado y analizado en Gizmodo, sugiere que algunos individuos parecen estar “predestinados” para tareas específicas, como limpiar las cámaras de desechos o trasladar basura. Durante treinta días, los científicos monitorizaron 102 ratas topo en cinco colonias cautivas usando microchips RFID y detectores instalados en distintas cámaras asignadas al nido, al aseo (“toilet”), a la basura y a otras zonas de tránsito.
Los resultados mostraron que cada individuo podía clasificarse en uno de seis grupos según su comportamiento espacial. Algunos pasaban la mayor parte de su tiempo en la cámara de basura —lo que sugiere un rol de transporte de desechos— y otros permanecían muchas horas en la zona de los “toilets”, lo que apuntaría a que limpian excrementos. Además, en torno al 95 % de los individuos mantuvo el mismo comportamiento durante todo el experimento, lo que indica que esos roles no se intercambian con frecuencia.
Según LiveScience, el hallazgo apunta a que la división social en las colonias de estas ratas es más estable de lo que se pensaba. Incluso en condiciones de laboratorio, donde los factores ambientales están controlados, la estabilidad en el comportamiento fue sorprendentemente alta.
Otro aspecto interesante es que el peso y la edad influyeron en la asignación de rol: los animales más jóvenes o mayores tendían a permanecer más tiempo en el nido, mientras que los ejemplares en edad intermedia tenían más movilidad y asumían funciones activas. Aun así, no se demostró aún que esos roles estén definidos al nacer, aunque el título del artículo de Gizmodo (“Some Naked Mole-Rats Are Just Born to Clean Toilets”) lo sugiere como hipótesis.
Detalles técnicos y cuantificaciones del experimento
El método RFID permitió registrar cada vez que un individuo cruzaba de una cámara a otra, con precisión temporal del orden de milisegundos. En total, se recogieron millones de datos de movimiento y permanencia que luego se procesaron mediante modelos de clustering multivariante para identificar seis grupos conductuales distintos.
Las estadísticas mostraron que el tiempo promedio que un “limpiador de toilet” pasaba en esa cámara era aproximadamente un 40 % superior al tiempo de tránsito normal de otros individuos, mientras que los “transportistas de basura” visitaban la cámara de desechos un 30 % más frecuentemente que el promedio general.
En cuanto a la estabilidad del rol, el hecho de que el 95 % de los individuos no cambiara de grupo en 30 días sugiere una fidelidad conductual muy alta, al menos en condiciones estables de laboratorio. La variación restante del 5 % podría indicar cambios potenciales bajo condiciones ambientales distintas o reacción a presión interna de la colonia.
El experimento también permitió comparar patrones individuales: algunos miembros tenían más de 200 transiciones entre cámaras al día, otros menos de 50. Esa dispersión muestra una marcada diferencia en la actividad. Los autores plantean que en condiciones naturales —con túneles más extensos y variabilidad ambiental— podría existir mayor flexibilidad.
El análisis técnico incluyó medidas de centralidad de redes (quién interactúa con quién), frecuencia de visita y modelado de permanencia (cuánto tiempo seguido permanecen en una cámara específica) para cuantificar la fuerza del rol asignado. El estudio completo fue publicado en Science Advances, disponible en Science.org.
Enfoque en el “producto” principal: la especialización de limpieza
Podríamos considerar como “producto principal” del estudio la demostración concreta de que dentro de una colonia ya no solo hay obreros generales, sino especialistas en limpieza del sistema sanitario interno (las cámaras de excrementos). Esa especialización implica que algunas ratas topo no solo realizan labores generales de trabajo, sino que su función central consiste en mantener las cámaras cloacales limpias, retirando excrementos o residuos sólidos.
Lo relevante es que ese comportamiento no parece ocasional ni compartido, sino sostenido: estos individuos pasan una proporción significativamente mayor de su tiempo en esa tarea, con pocas desviaciones a lo largo de 30 días. La implicación biológica es clara: la colonia se organiza con subcastas internas, donde ciertas ratas tienen una función permanente en el mantenimiento higiénico.
Se plantea la hipótesis de que esa asignación podría estar influida por la genética, el desarrollo temprano o las señales químicas dentro de la colonia. Si esos individuos fallasen o desaparecieran, la eficiencia general del sistema podría caer, ya que la acumulación de desechos afectaría la salud del túnel y podría generar patógenos. En ese sentido, la función de limpieza se convierte en un eje esencial para el éxito del sistema social.
Implicaciones biológicas y preguntas abiertas
El descubrimiento obliga a replantear cuánto del comportamiento social en especies eusociales es rígido o flexible. Si algunas ratas topo efectivamente nacen predispuestas a tareas higiénicas, eso sugiere que el papel de la especialización va más allá de adaptaciones ambientales, y podría tener raíces genéticas o epigenéticas.
También cabe preguntarse si en condiciones naturales esas funciones pueden cambiar con el tiempo, por estrés ambiental o cambios demográficos. La comparación con insectos sociales como abejas o termitas resulta inevitable: en estos casos, las castas se determinan desde el desarrollo larvario, mientras que en mamíferos se pensaba que la plasticidad conductual era mayor. Este estudio, al menos en parte, contradice esa idea.
Otra cuestión interesante es el costo individual. ¿Limpiar los “toilets” expone a más bacterias o patógenos? Si así fuera, la colonia estaría sacrificando ciertos individuos para mantener la higiene colectiva, lo que supondría un caso notable de selección de grupo.
El estudio también invita a explorar la comunicación química en estas colonias. Las feromonas podrían ser determinantes para reforzar la jerarquía o señalar tareas. Si existe una “firma química” para cada rol, la biología social de estos mamíferos podría asemejarse más a la de los insectos que a la de otros mamíferos subterráneos.
Reflexiones finales
El trabajo aporta evidencia concreta de que las colonias de ratas topo desnudas no operan solo con una división simple entre reproductores y trabajadores, sino que dentro de los trabajadores hay subespecializaciones persistentes. La función de limpieza de excrementos, tratada como un rol estable, desafía la idea de que los individuos en estas colonias sean intercambiables.
Por supuesto, las condiciones de laboratorio no replican fielmente la complejidad del entorno natural —túneles extensos, disponibilidad de alimento o estrés ambiental—, por lo que conviene verificar si las mismas dinámicas ocurren fuera del laboratorio. Sin embargo, los datos obtenidos mediante RFID, análisis de clustering y medidas de permanencia ya ofrecen una base técnica robusta.
Este hallazgo nos acerca más a entender cómo funciona la cooperación extrema en mamíferos y plantea que la evolución del comportamiento social puede generar especializaciones tan específicas como la de un “limpiador de toilette”. La pregunta que queda abierta es si esos roles son fijos o si, en momentos de necesidad, una rata topo podría “ascender” o “migrar” a otro rol dentro de su compleja jerarquía subterránea.
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