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Carnaval en Río de Janeiro. Disfraz y desfile en Sambódromo
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oscar
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Registrado: 11 Sep 2003
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Ubicación: Barcelona

 Mensaje Publicado: Lun 16/02/2015    Asunto: Carnaval en Río de Janeiro. Disfraz y desfile en Sambódromo
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Entre la multitud de spam, recibo un correo con el título de este editorial. El precio, de oferta por el poco tiempo que resta, hasta cierto punto asumible. Leo la cascada de información de la página en diagonal y no me acaba de cuadrar lo de disfraz pero “gracias” a que me he quedado en paro tendría posibilidad de asistir. Lo consulto por teléfono a mi posible acompañante y dictándole el texto completo descubrimos que es literal: no es sólo asistir, se trata de integrarnos en una escuela de samba y competir con el resto de escuelas el día del inicio del carnaval en el sambódromo con sus gradas atestadas de gente. Unos segundos de silencio mutuo para asimilarlo y lo rompe ella para decirme que pedirá una semana de permiso sin sueldo en el trabajo. Decidido, nos vamos a Río.

La ciudad, su gente, merece varios editoriales, pero hoy vamos con la samba. Ya allí nos enteramos de la génesis, un jefe de la agencia asistió el año pasado a los desfiles y se le ocurrió la idea de montar un viaje para los amigos, pero además para bailarlo in situ. Once meses posteriores de frenéticos correos-e para perfilarlo se coronan con éxito pero, como suele pasar, la mayoría de gente que inicialmente dijo sí, a última hora se rajan. No tiene más remedio que ponerlo a disposición del público, o sea, yo.

Una de las noches previas asistimos al “ensaio de rua” en el barracón del barrio de la escuela, nos pasan en el autocar de ida el enrevesado texto impreso de la letra en portugués para cada uno mientras la megafonía del coche la toca una y otra vez. Entramos en el enorme local y, para nuestra sorpresa, descubrimos que los músicos están encantados que estemos allí mostrándose muy amigables y honorados con nuestra participación. Caray ¡Si los muy honorados somos nosotros! La fiesta también está en la calle, petardos, mil y un tenderetes con barbacoas portables, cerveija, humo, dulces y gente, mucha gente, muchísima gente, el barrio entero de Madureira. Un raudal de personas de todos los colores de piel, vestimentas, alguna prostituta, niños, música, todos disfrutando de aquello y deambulando por el medio nosotros, los únicos turistas con una cara que tiraba de espaldas de no creerse ni dónde estamos ni a lo que estamos asistiendo. Nueva sorpresa, ahora toca ensayar la canción, bailando la samba por medio de la calle con la banda y toda la escuela. Una hora y pico de 1.500 personas con la policía cortando el tráfico de Río y las aceras rebosantes de espectadores coreando la canción. Yo, que el baile no es precisamente lo mío, me es imposible no embriagarme con la cara de felicidad de los que me rodean bailando y cantando machaconamente esa especie de himno de la escuela. Al final, la mayor sudada que pensaba que nunca había tenido ni tendré, je, hasta ese momento.

La noche anterior al gran día en un salón del hotel nos dan la “fantasia”, el disfraz. La verdad es que todo es muy secreto y no se difunde ni los disfraces, ni las carrozas, ni la historia que ese año narrará cada escuela bailando durante el desfile. Alucinante, yo en mi ignorancia pensaba que nos darían una camiseta con el anagrama de la escuela o así, pues no, un uniforme completo de pies a cabeza con plumas coronado con un enorme gorro de penachos blanco y oro. Fotos entre nosotros y algo de preocupación por estar a la altura el día siguiente.

El viernes llegamos al sambódromo con tiempo de sobra para recorrer varias zonas y comprobar que lo tienen bien organizado, restaurantitos, ambulancias, bomberos, policía, ejército, enormes TV en la calle, etc. A la hora acordada cambio de ropa y prohibición de llevar nada que no fuera la fantasía, debajo colgando del cuello no pude resistirme a coger la cámara y un GPS datalogger. Craso error, por turnos ambos sucumbieron al sudor. Fuimos a la zona que nos tocaba dos horas antes de la salida definitiva. Nueve de la noche, 33 grados con bastante humedad relativa, en mi piel 100% de humedad total. Vendedores ambulantes de agua y nos toca suplicar préstamo en reales a uno que se le ocurrió llevar billetes debajo del gorro (buena idea!), me bebo un litro que me sabe a nada, más sudor. Media hora antes, vestidos en pie, nos forman en la posición con prohibición de sacarse ni el gorro y cuadadín con moverse de sitio. Alegremente, uno de la organización en portugués nos informa que estaremos en la primera ala, entre nosotros cara de susto ¿Abriremos el paso de nuestra escuela? Ayayay.
Avanzamos para la curva de salida y se incorporan delante, para nuestro bien, los bailarines de la “comissão de frente”, ufffff. Detrás las otras alas, la “porta-bandeira”, carrozas y más carrozas intercaladas, repletas de gente colorida bailando a distinta altura y un largo etcétera, ya dije, 1.500. El presidente de nuestra ala, al que conocemos entonces, nos mira arqueando la ceja. Da las ordenes en voz baja a dos adláteres, le entiendo algo de “los españoles” y nos cambian el orden para que ninguno de nosotros esté en los costados intercalando gente de ellos experimentada, el del extremo de mi izquierda hace cara de fastidio, pobre, todo el año esperando bailar aquello y le toca al lado dos españoles que seguro no tienen N.P.I. de dónde están.

De repente caigo en que aquello es como entrar en batalla, los de la organización cuadrándonos en la fila, corriendo entre los pasillos, dando consejos y arreglándonos los uniformes. Nervios en la cara de todos. Sorpresivamente un enorme castillo de fuegos estalla a nuestro lado, no para el público si no para animar a toda la escuela que va a salir a la pista recta de 700 metros, que jamás en la vida me parecieron tan largos. Entrada en la avenida del Marquês de Sapucaí. Gradas a ambos lados de gente gritando y aplaudiendo. Entorchado de luces como en un estadio de fútbol ¡Me cago en la p. cámara! Arenga de 10 minutos de incomprensible portugués al micrófono con gritos finales, expresiones y gestos de buenos deseos entre los participantes. Algunos empiezan a bailar de puros nervios. Rompe nuestra canción a toda mecha por megafonía, desaparece momentáneamente la sensación de asfixiante calor que es substituida por una de levitación, simultáneamente los bailarines de la “comissão de frente” empiezan a bailar avanzando. El presidente de la escuela, al lado de la comitiva, un casi octogenario negro vestido elegantísimamente con chaqué blanco y sombrero de copa, sonríe a todos. Más atrás, los 200 músicos, suenan lo suyo. Todos cantamos y bailamos.

El recorrido, jalonado de paradas sin dejar de cantar y bailar, con la gente en las gradas con banderas de la escuela gritando nuestra canción y aplaudiendo, es indescriptible. El ruido, la música, la cara de felicidad de público e integrantes, bailando y cantando para el público, entre nosotros y para nosotros. Todos lo disfrutan. Incluso el de mi extremo, en los primeros cien metros se le desvanecen en la cara las dudas que tenía sobre los españoles y se/nos anima a bailar cogiéndonos de la mano. Se trata de contagiar la alegría a las gradas y en sus rostros parece que sí. Me molesta mucho el calzado, hubo una confusión entre talla brasileña y europea y es dos números más grande que las que nos toca, rellenados a última hora con papel de periódico y bolsas de plástico que van saltando por el camino. No puedo parar, es imposible parar, es igual si me tienen que apuntar dos dedos. Sobre la mitad de la avenida está el jurado, aunque ya extenuados, nos acordamos que todo cuenta y que no podemos dejar de mover la boca, si no nos sabemos la letra, una de los Beatles.

Llegamos al final, nos quedamos a ver el resto de la escuela y las carrozas cómo van torciendo la curva de salida, todos se felicitan y abrazan, nos intercambiamos alegremente las fantasías con las otras alas. El presidente de nuestra ala nos mira muy sonriente, está feliz. Al día siguiente por la prensa nos enteraríamos que el presidente de otra ala lloró copiosamente delante de las cámaras de TV porque cinco fantasías de “baianas” llegaron tarde y se quedaron sin participar sus portadoras, una chica “destaque” cayó de lo alto de su carroza y fue evacuada en ambulancia. Es como aquella película que cuenta la historia de un soldado, que de una gran batalla de decenas de miles de combatientes, sólo vio su escaramuza.

No quiero ni mirar el resultado de la clasificación cuando salga, si resulta que la escuela de samba Império Serrano saltó a la siguiente división, del Grupo de Acceso al Grupo Especial, la más alta, tendré que volver, es cuestión de responsabilidad y en Pcdemano somos muy responsables con los nuestros. Ya pediré por la calle si no encuentro trabajo. Los dedos de los pies mejorando, gracias.

Muy, muy, pero que muy emocionante. Con orgullo, podemos decir que Pcdemano también estuvo allí.

Òscar.


Fotos do desfile do Império Serrano no Carnaval 2015 AQUÍ. (No salgo, ya me quejaré)
Canción y letra AQUÍ.
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